Festeja su 107 aniversario al ritmo de la «Rianxeira»

Una centenaria ourensana celebró ayer su cumpleaños cantando y bailando


ourense / la voz

Cuando Josefa Álvarez cumplió 105 años dijo en una entrevista con La Voz que detrás de su longevidad no había ningún secreto. Dos años después parece imposible. Aludía a una infancia dura, en la que no comió carne. Por falta de dinero. Y a la ausencia de pastillas. «Será de tanto caldo o de la leche», reía. Ayer cumplió 107 años y Josefa conserva todavía un espíritu alegre, jovial, que sí parece la clave de su secreto.

En la residencia Nuestra Señora do Mundil, en la localidad de Outomuro (concello ourensano de Cartelle) se preparó una gran fiesta. Josefa no se casó ni tuvo hijos, pero ayer un sobrino, José Álvarez y la mujer de este, Claudina; además del esposo de otra sobrina, Antonio Bugallo, se acercaron al centro para compartir con ella la jornada. No consiguió un marido, dice, porque era pobre.

Ante una mesa y con vistas a una gran tarta de cumpleaños, Josefa no pudo dejar de cantar, animada por los presentes. Con palmas. «A Virxe de Guadalupe cando vai pola ribeira», se lanzó la centenaria con la Rianxeira. Y al ritmo de los aplausos se unieron al canto las cuidadoras, los familiares y algunos de los internos, que vivieron la fiesta como propia.

Sopló las velas, varias veces, y ante la insistencia de los asistentes al acto se levantó para bailar. En el centro de una improvisada pista, dejó boquiabiertos a todos los presentes. Y más a sus compañeros que desde una sala contigua observaban la escena y escuchaban los aplausos y los cantos.

El poso de una vida larga deja muchos recuerdos, que todavía están frescos en la cabeza de Josefa. Seguramente se acordó ayer de lo que le gustaba de jovencita ir a los bailes, en donde también cantaba sin cesar. Esos recuerdos de la infancia y la juventud vienen más a la cabeza que los últimos años. Quizá porque aunque tuvo que pasar tragos amargos -ver morir a sus padres y a siete hermanos [uno de ellos atropellado por un coche en Argentina]-, aún relata que con lo que ganaba cuidando la casa de una mujer un día se pudo comprar un manto e incluso jabón para limpiarse. Rememora que cuando sus hermanos se dedicaban al contrabando ella tenía que quedar en casa. En el campo. Trabajando. Y el amor y la felicidad que siempre tuvo cerca de sus padres, a los que cuidó hasta que fallecieron. Las cuidadoras estaban ayer felices. Aseguran que no tiene ningún problema. Que anda, ayudada por un bastón, pero sin demasiada dificultad. Que come de todo y que está perfectamente. Con una vitalidad que no parece, aunque lo es, proporcional a la edad que tiene.

A pocos kilómetros de la residencia de Outomuro se encuentra Santo Tomé do Viso. Lugar en el que nació Josefa. De allí guarda muchos de sus recuerdos. De las historias que todavía recuerda con nitidez y que ayer volvió a compartir con todos los que quisieron acercarse para desearle felicidades y muchos años más de cánticos, bailes, y de mucho amor por la vida.

josefa ÁLvarez centenaria

«Fun moi feliz xunto aos meus pais. Coideinos ata que os dous morreron»

La centenaria celebró el aniversario junto a varios de sus sobrinos

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