El último viaje del portaviones

El «Príncipe de Asturias» llegará mañana a Ferrol para baja y desguace


ferrol / la voz

El portaviones Príncipe de Asturias navega ya rumbo a Ferrol, adonde está previsto que llegue mañana mismo, para abordar su proceso final de baja definitiva de la Armada y posterior subasta pública para su desguace. Es su último viaje. Y su último comandante, el capitán de navío Alfredo Rodríguez Fariñas, es de la ciudad naval.

Vuelve a la ría donde fue fabricado tras veinticinco años de servicio. Su sucesor, el Juan Carlos I -será nombrado nuevo buque insignia en breve-, también ha salido de los mismos astilleros.

Durante la mañana de ayer tuvo lugar en Rota (Cádiz) la emotiva despedida oficial de la unidad. Estuvo presidida por don Felipe de Borbón, acompañado, entre otros, por el ministro de Defensa, Pedro Morenés, y el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada (Ajema), Jaime Muñoz-Delgado. El príncipe se dirigió a la última dotación del portaviones -integrada por 220 personas- para mostrarles su «orgullo», «emoción» y «tristeza» al decir «adiós» al buque, del que formó parte a bordo como alférez de fragata en el año 1989.

Las autoridades embarcaron, ya que las primeras horas de navegación hacia Ferrol fueron aprovechadas para rendir tributo al portaviones con una última demostración aeronaval. Y se hizo a lo grande, a pesar de las restricciones presupuestarias. La ocasión lo merecía.

Ahí se dieron cita el Juan Carlos I y las fragatas Reina Sofía, Victoria y Santa María. Cuatro aviones Harrier realizaron una pasada y uno ejecutó una toma de cubierta y luego despegó. La parada naval finalizó con un desfile aéreo compuesto de nueve helicópteros y tres Harrier.

Don Felipe no dudó en tomar fotos con su móvil para guardarlas como recuerdo y, con su rúbrica, cerró de forma simbólica el Libro de Honor del buque.

Casi el punto y final para la memoria de un barco que supuso, en su momento, la modernización de la Flota española, que participó en operativos bélicos como la guerra del Golfo en 1991, o con los cascos azules de la OTAN en los Balcanes, y que, ahora, requería un elevado coste de mantenimiento anual y una millonaria reforma para prolongar su vida útil, lo que ha precipitado su baja.

Lo que le aguarda

Durante los últimos meses ya se han desembarcado en Rota repuestos y pertrechos que no eran imprescindibles para la navegación que ahora realiza el Príncipe de Asturias, como munición, material patrimonial o embarcaciones menores.

Como ya se ha mencionado, viaja con una dotación reducida de 220 personas. Estaba compuesta por 596, aunque llegó a disponer de 800. En sus últimos días antes de la baja definitiva, esa dotación se quedará solo en diez o quince personas para custodiar el barco.

En Ferrol se hará la etapa de la baja denominada «desarme y valoración». En otras palabras, se reaprovecharán aquellos materiales que aún sean útiles para la Armada y se desembarcarán, equipos, repuestos, planos y documentación técnica que no fueron retirados en Cádiz.

La baja definitiva tendrá lugar a finales de junio y se hará el último acto oficial por parte de la Marina para rendir homenaje al portaviones. Luego se pasará al período de «valoración y subastas». Se tasará el barco una vez desmantelado para convocar una subasta pública y que las empresas interesadas puedan concurrir para su desguace.

El Príncipe de Asturias escribe ya, en definitiva, el último capítulo de su historia.

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