¿Quién paga todo esto?


Cuentan que Josep Pla hizo esa pregunta alarmado ante la iluminación de Nueva York. Durante años hemos vivido en España en el engaño de que el ciclo expansivo era infinito y los servicios públicos solo podían incrementarse. En esa línea, se ha criticado la supresión del tren entre Ourense y Puebla de Sanabria, en base a su carácter de servicio público, sus ventajas medioambientales y la atención a la población de la zona. Respecto al primer argumento, el papel incuestionable del ferrocarril en las cercanías de las grandes ciudades o el éxito de la alta velocidad no puede justificar cualquier servicio ferroviario cuando la alternativa del transporte en autobús, también servicio público, es más eficiente. Medioambientalmente, un tren con una ocupación del 2,9 % como el suprimido es menos ecológico que la alternativa del autobús.

Respecto a la población afectada, la línea solo transportaba 9.000 pasajeros al año. Los 29.238 habitantes de los 11 municipios por los que discurre generaban 12 viajeros al día, es decir menos de uno por cada 1.000 habitantes (4 por 10.000) y, por citar un ejemplo, hay 18 servicios diarios de autobús entre Verín y Ourense.

Volviendo a Pla, ¿quién pagaba el déficit de 144 euros que genera cada viajero? Muy sencillo, el conjunto de los ciudadanos, incluido el empleado mileurista que tiene que mantener una familia con sus magros ingresos, el pensionista o el funcionario que ha visto rebajado su sueldo.

Debemos plantearnos si, como el bilbaíno del chiste, vamos a setas o a rólex, apostar por una movilidad eficiente y sostenible (económica y medioambientalmente) y pedir transporte colectivo en tren o en autobús, según sea más eficiente. ¿Por qué habría de ser más defendible el déficit de 1.300.000 euros de la línea Ourense-Puebla que la inversión de 12 millones de euros en la estación de AVE de Requena que solo utilizan 50 viajeros al día?

Teniendo en cuenta que un billete de autobús de Ourense a Barcelona cuesta 55 euros, o que se puede conseguir un billete de avión de Santiago a Barcelona en línea no de bajo costo por 80 euros, el déficit de 144 por cada viajero de la línea es más que cuestionable. Y como este ejemplo de derroche podríamos hablar de aeropuertos fantasmas, tranvías o metros ligeros. Pero, como diría Kipling, that is another story.

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