El superviviente del naufragio de Ribeira: «Tiven ao rapaz collido das mans ata que unha onda nos separou»

José Bermúdez Romay abandonó el hospital

José Bermúdez Romay abandonó el hospital de Barbanza a mediodía de ayer tras permanecer toda la noche en urgencias.
José Bermúdez Romay abandonó el hospital de Barbanza a mediodía de ayer tras permanecer toda la noche en urgencias.

Con un collarín y todavía visiblemente aturdido, José Bermúdez Romay, el marinero de Ribeira que fue rescatado el lunes por el Pesca 1 tras hundirse la embarcación en la que faenaba, abandonó el hospital de Barbanza a mediodía de ayer en compañía de su mujer. Permaneció 45 minutos en el agua luchando por su supervivencia y la del otro tripulante de la embarcación, Jacobo Hernández Rego, que todavía no ha podido ser encontrado.

Caminando con dificultad, el patrón de la embarcación Sefi G explica que todo sucedió rápidamente. Estaban capturando pulpo y ya iban a regresar «cando apareceu aquela onda, aquel mundo de Dios e non puidemos facer nada».

Su embarcación, de unos seis metros y medio, acabó parcialmente hundida y sus tripulantes, en el agua: «Agarrei ao rapaz e veu outra onda. Tiven ao rapaz collido das mans ata que unha ola nos separou e nos levou a cada un para un lado».

Desnudarse por completo

Ni José Bermúdez ni Jacobo Hernández habían tenido tiempo de ponerse los chalecos, «non nos dou tempo nin a pestanexar», y el patrón sabía que su supervivencia dependía en buena medida de que ambos se quitaran la ropa, especialmente las botas, para que no se encharcaran y los llevase al fondo. Él lo consiguió e intentó que su compañero hiciera lo mismo: «Díxenlle: tranquilo amiguiño, imos saír desta».

Sin embargo, el mar no daba tregua y una nueva embestida los separó. José Bermúdez dejó de ver a Jacobo Hernández entre las aguas. Las fuertes olas le golpeaban en la nuca y su cuerpo comenzaba a notar los efectos de unas gélidas aguas. En las inmediaciones de la isla de Vionta, donde tuvo lugar el accidente, no se veía ni rastro del joven de Xuño Jacobo Hernández, quien llevaba solo unos meses enrolado en la Sefi G.

Bermúdez Romay logró alcanzar las rocas. Para entonces, el pesquero Basoco, que estaba en las inmediaciones, ya había alertado al 112 y se habían activado los servicios de rescate.

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