Un niño de 11 años finge su rapto para evitar una cita con su tutora

Marta Vázquez Fernández
marta vázquez OURENSE / LA VOZ

GALICIA

Envió un SMS a su padre diciendo que lo habían secuestrado en Xinzo y metido en el maletero de un coche, lo que movilizó a cien guardias civiles

22 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Las dos horas durante las cuales los agentes de la Guardia Civil creyeron tener entre manos el secuestro de un niño de once años, hijo de un compañero del cuerpo, fueron una auténtica locura. Un centenar de agentes del instituto armado, con medio centenar de vehículos, trataron de blindar la provincia para evitar que el conductor del Seat azul en cuyo maletero había sido supuestamente introducido el niño, huyese hacia otras ciudades o incluso a Portugal. Además, las policías locales de varios municipios, incluida la capital, montaron controles en los accesos a las localidades. Los agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, especialistas en este tipo de situaciones, ya estaban en camino desde Madrid cuando el menor fue localizado.

Al final toda aquella movilización se había activado para nada. El menor, residente junto a su familia en Xinzo de Limia, tenía que enfrentarse a una tutoría en la tarde de ayer y decidió que no iría. Al parecer, sus resultados académicos no han sido buenos en las últimas semanas y, ante la sospecha de una reunión tensa con sus padres y profesores urdió un plan para no acudir. Así que poco después de las tres de la tarde, cuando en casa le pidieron que bajara la basura, se fue a la calle. Antes de salir de casa se ocupó de coger las llaves de otro piso propiedad de sus padres, situado en la misma localidad. También se llevó su móvil. Dejó la bolsa en el contenedor y, sin que nadie lo viera, se fue andando hasta esa otra vivienda y se encerró dentro.

Dos mensajes

Eran las cuatro menos diez cuando envió a su padre un mensaje de texto al teléfono móvil en el que le decía: «Me han secuestrado». Algunos segundos después envió un segundo mensaje, en el que informaba al progenitor de que el coche en el que iba era un Seat azul, sin especificar el modelo. El padre marcó el número de su hijo y él contestó. Llorando y simulando estar muy nervioso, explicó que una persona lo había secuestrado y lo había metido en el maletero de un coche, desde el cual estaba hablando por teléfono. Aseguraba que estaban en movimiento, pero las interferencias, fingidas también, cortarían poco después la comunicación.