Los abogados de Mangouras ven un montaje en una prueba clave del «Prestige»

El dibujo qu eel primer oficial hizo a Serafín Díaz mostraría un fallo estructural interno, pero fue aportado siete años después


A Coruña / La Voz

Hay funcionarios que se lanzan sobre un mar de papeles. Otros, como el ex inspector marítimo Serafín Regueiro, prefiere hacerlo sobre los barcos. Lo hizo el 14 de noviembre del 2002, con 68 años, para que la máquina del Prestige volviera a encenderse. Pero también se fajó con el Andros Patria, el Urkiola o el Mar Egeo, entre otros. Ayer, durante el interrogatorio al que se enfrentó como testigo, le preguntaron por el barco y la máquina, y narró las distintas acciones del jefe de máquinas, Nikolaos Argyropoulos para, en su opinión, sabotear su encendido. Pero también sobre los papeles. Por los que sacaron del petrolero el día 18 y por el dibujo que le hizo el primer oficial, el filipino Ireneo Maloto, cuando llegó al Prestige.

En este croquis, el trazo grueso sobre el mamparo que separa el tanque de lastre del de carga central demostraría que la avería fue interna, un colapso estructural que provocaría un vertido inmediato de fuel. Este panorama perjudica los intereses del armador y del capitán Mangouras, de ahí que salieran en tromba a desacreditar una prueba que la Fiscalía considera clave para el juicio.

El «presunto» documento, enfatizó el letrado José María Ruiz Soroa, «presuntamente» realizado por el primer oficial, fue integrado en la causa «siete años después del accidente». Serafín Díaz no supo precisar cuándo se lo entregó a los abogados de Uría & Menéndez, encargados en un primer momento de coordinar la demanda contra la clasificadora en Estados Unidos. Después explicó que no le dio importancia y el letrado constató que en ninguna de sus declaraciones judiciales hizo referencia al croquis. Ruiz Soroa se lo puso claro.

-¿Qué garantías hay de que ese documento no ha sido retocado al haber estado desaparecido durante tanto tiempo?

-Estoy bajo juramento. Tengo una copia en casa. No lo invento.

El abogado insistió en la posibilidad de que el documento pudiera haber sido manipulado, de la misma forma que continuamente insiste en la supuesta ilegalidad de la incautación de documentos en el barco. Su estrategia, legítima, es desarmar a la causa de potenciales pruebas documentales sobre el mal estado del petrolero.

¿Por qué este documento tardó tanto en aportarse, dejando que surjan sospechas sobre su validez? La razón estribaría en que la prueba fue monopolizada por los abogados estadounidenses de cara a la demanda contra ABS, finalmente perdida. Y solo a última hora se creyó conveniente aportarla al sumario español.

Mientras que Ruiz Soroa fue directo a socavar las pruebas, Santiago Zabaleta, su pareja de bufete, parece más especializado en intentar socavar a los declarantes. De nuevo con una dialéctica agresiva, trató de relacionar el ascenso a capitán marítimo de Díaz Regueiro, en el 2003, con su papel en la causa. El inspector reconoció que estaba «quemado» con su bajo rango, pero explicó que su ascenso se debía a que no quedaba ningún candidato en Capitanía.

«Dígalo en inglés»

Zabaleta debió pensar que Serafín Díaz Regueiro era una presa más fácil que Ángel del Real y, ante las sospechas de que el inspector marítimo no habla bien inglés -y por tanto no podía entenderse con la tripulación-, le pidió que expresara en esa lengua cómo le dijo al jefe de máquinas que, si no obedecía, llamaría a la Guardia Civil. Serafín Díaz se negó, casi en paralelo a la reprimenda del presidente del tribunal, Juan Luis Pía, cada vez menos tolerante con las formas de Zabaleta.

El técnico jubilado de Fomento negó a María José Rodríguez Docampo que comentara a su superior jerárquico que el alejamiento del buque fue «una barbaridad». Tampoco aclaró si ratificaba una declaración en la que cuestionaba el rumbo noroeste.

Desde que observó con unos prismáticos el boquete en el costado estribor, Serafín Díaz tenía claro que el buque «estaba herido de muerte» y que terminaría partiéndose en cualquier momento. Eso sí, negó que no quisiera abandonar el buque, como aseguró el exjefe del centro de Salvamento de Fisterra. «No soy de los que quiere morir en el frente», zanjó.

El juicio se reanuda el martes y, por el retraso acumulado, el tribunal deberá recomponer el calendario.

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