Una coruñesa con 1,6 millones dormía en cajeros y comía basura

La situación de la mujer sale a la luz por una denuncia contra una sobrina suya que está acusada de apoderarse de sus propiedades, dinero y acciones


a coruña / la voz

Podía comprarse un pazo y rodearse de doncellas. Dinero tenía para eso y para mucho más, pues era dueña de todo un edificio en el centro de A Coruña y tenía 1,6 millones de euros repartidos en varios bancos. Pero esta mujer de avanzada edad no estaba en sus cabales y vivía en la más absoluta indigencia. Servicios Sociales se movió y al final se logró que una sobrina se hiciera cargo de ella, otorgándole todos los poderes y firmas bancarias. El problema es que la pariente, supuestamente, la dejó sin blanca. El fiscal la acusa de vender hasta el edificio en el que vivía. Por eso pide que sea condenada a seis años de prisión como autora de un delito de estafa. La misma pena solicita para la hija, abogada de profesión y, según la acusación, cooperadora necesaria. Ambas, si pierden el juicio que se celebrará el próximo martes en la Audiencia Provincial de A Coruña, deberán además devolver los 1,6 millones a los herederos, pues la mujer murió hace ocho años.

La fallecida era famosa en el barrio coruñés de Monte Alto por ir con una banqueta que la aupaba para meter medio cuerpo en el contenedor de la basura. Su supermercado. Buceaba en su interior para poder alimentarse de cualquier resto comestible o no. Vivía sola en un edificio de tres plantas que era de su propiedad. Sin electricidad, sin muebles y sin que nadie pasara una fregona en años. No siempre dormía allí. Si la noche la cogía lejos de casa, buscaba un portal o un cajero. Era «una persona muy huraña» que jamás quiso saber nada de su familia, según aparece en el informe que en su día emitió el equipo de Servicios Sociales del Ayuntamiento coruñés después de que sus vecinos lanzasen un SOS.

El fiscal, en su escrito de acusación, explica lo ocurrido. Según él, el primer paso que dio el Ayuntamiento fue intentar internarla en un centro psiquiátrico después de que un informe de la Policía Local cerciorase la cantidad de veces que tuvo que recoger a la mujer de portales y parques, y que el equipo de forenses que la examinó acreditase sus problemas mentales. A pesar de eso, la Justicia entendió que su ingreso no era urgente. Ante esto, el fiscal presentó una demanda por incapacidad y en un auto dictado en enero del 2003 se ordenó nombrar defensora judicial y tutora a la única sobrina que tenía la enferma en A Coruña.

A partir de ese momento, la sobrina comenzó a ocuparse de su tía. La visitaba y se ocupaba de que no le faltara nada. Pero no por cariño a ella, según el fiscal, sino por cariño a sus cuentas.

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