Mangouras y las olas gigantes

Los abogados del capitán pretenden suspender el juicio alegando que la operadora no fue citada, mientras recuperan la teoría del golpe de mar


redacción / la voz

Mangouras estaba allí. Tranquilo. Con los cascos de la traducción simultánea sobre sus oídos antes incluso de que empezara la vista. Solo bebió dos veces. Apenas habló con su compañero de tripulación, Nikolaos, con el que al parecer comparte un apartamento en A Coruña. Apenas se revolvió en la silla para buscar mejores posturas durante las más de cuatro horas de la primera sesión. Con un traje gris y una corbata azul que por un momento borró aquella imagen de gorra y chubasquero que dio la vuelta al mundo cuando fue detenido. El pelo más cano. En aparente buena forma. Pero Mangouras estaba allí y fueron muchos los que respiraron aliviados. Solo se levantó al final, para felicitar a sus abogados.

El prestigioso letrado José María Ruiz Soroa hizo honor a su leyenda. No solo es un experto en Derecho marítimo: sabe hallar los vericuetos legales por los que sus defendidos encuentran la salida y, a menudo, busca encerrar en un laberinto a los tribunales. Su discurso giró en torno a una sola pregunta: «¿Puede España garantizar a Mangouras un juicio justo?». Ruiz Soroa cree que es «arduo», cuando ya entonces el presidente del Gobierno llamó «pirata» a su defendido y cuando algunos de sus derechos fundamentales están, en su opinión, amenazados.

Suspensión del juicio

Todos temían los ases en la manga del letrado vasco. Sacó el primero: reclamó la suspensión del juicio porque la operadora del buque, Universe Maritime, declarada responsable civil subsidiario, no fue, en su opinión, convenientemente citada al juicio. Por tanto, desafió al tribunal con un dilema: o se la cita mediante comisión rogatoria -lo que conlleva la suspensión y consiguiente retraso- o se la excluye de las entidades que podrían ser obligadas a pagar indemnizaciones.

La primera pelota ya estaba sobre el tejado del tribunal. Faltaba la segunda: la petición de la nulidad parcial de la acusación contra Mangouras, no en lo que respecta a la desobediencia, sino la vertiente relativa al delito contra el medio ambiente. Esta petición se basa en que el Gobierno inspeccionó los pecios del Prestige, «le hizo la autopsia al cadáver», de forma unilateral, sin contar con el juez instructor y sin dar oportunidad de participar a la parte a la que se le reprocha el mal estado del petrolero. El abogado denuncia que el Estado ocultó estos datos, aunque hoy se alegará que parte de este proceso de inspección fue supervisado por el juez.

Ruiz Soroa quería alargarse en este asunto, pero el presidente del tribunal lo frenó en seco. Se produjo la primera protesta en el juicio. Juan Luis Pía interpretó que su intervención era más parecido a un alegato de defensa, el epílogo del procedimiento. El letrado respondió que trataba de argumentar una nulidad «y esto debe hacerse necesariamente al principio». Ruiz Soroa insinuó que el Gobierno no aportó las mediciones submarinas porque demostrarían que los grosores eran correctos y trastocaría su estrategia de que el origen del accidente estaba en las reparaciones realizadas en China en la primavera del 2001.

La teoría de la ola

Tanto este abogado como la acusación y la defensa de Mare Shipping -la armadora registrada en Liberia- resucitaron ayer la teoría de la ola gigante, defendida en su momento por la Autoridad Marítima de las Bahamas. María José Rodríguez pidió que se aceptara el informe del perito judicial francés, que incide en la hipótesis del tren de olas. Ruiz Soroa reclamó el informe de la comisión de la Asamblea Nacional francesa, que también se detiene en la ola gigante. Y Zabaleta refirió otro informe que habla de olas «anormales». El Prestige no es para ellos «una oveja negra». El azar, un episodio extraordinario, un fenómeno excepcional... Esa es su explicación del desastre.

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