La mujer del gallego secuestrado en Caracas: «Tengo fe, cada noche espero que mi Juan vuelva a casa»

Luisa González, la esposa de Juan Costés, secuestrado hace nueve meses, asegura que no tiene noticias de sus captores desde que pagó el rescate en marzo

Secuestro

caracas / enviado especial

«Esto es horrible, no tiene nombre, no tengo palabras para describir lo que estamos pasando. Hay que vivirlo para saber lo que es. Como dice mi hija, estamos secuestradas con papá». Son las primeras palabras con las que nos recibió esta misma semana Luisa González, la esposa de Juan Cortés, secuestrado en Caracas el pasado 12 de enero y en paradero desconocido desde entonces, en una mesa del restaurante-asador Casa Cortés, la catedral de la gastronomía gallega en la capital venezolana.

Luisa, una gallega oriunda del concello de Lalín, acompañada de su hija Ana Karina, sin poder contener las lágrimas en varios momentos de la conversación y sin apenas probar bocado, nos relata el calvario de una familia a la que el pasado 14 de enero, a plena luz del día, le arrebataron por la fuerza de las armas a su marido, natural de Cambre, cuando se dirigía a pie desde su domicilio en el corazón del municipio caraqueño de Chacao, teóricamente la zona menos insegura de la capital venezolana, a su negocio, ubicado a unas pocas manzanas de su casa.

«Yo consigo mantenerme viva gracias a mi trabajo aquí en el restaurante, donde siempre me he ocupado de la gestión administrativa, y desde que falta Juan atiendo también a los clientes. Duermo tres horas diarias, cuando duermo cuatro es mucho. Lo único que me mantiene es que soy muy creyente. Tengo fe de que mi Juan vuelve, que va a regresar. Cada noche yo lo espero en casa».

Voluntad de hierro

Luisa es una gallega físicamente menuda pero con una voluntad de hierro. Cuando conoció a Juan Cortés ella se dedicaba a la venta de inmuebles. Antes había trabajado catorce años en publicidad, una profesión que continuó su hija Ana Karina, quien la acompaña en esta conversación con La Voz.

No se cansa de exteriorizar su fe en que Juan volverá a casa sano y salvo. «Eso -reitera- es lo que me mantiene activa para defender este negocio, ya que dentro de estas paredes está la vida de mi esposo. El día que él llegue, yo me retiro».

Tanto a la madre como a la hija lo que más les angustia es el silencio que mantienen los secuestradores desde el pasado mes de marzo, ya que ellas cumplieron sus exigencias pagando el rescate convenido. Fuentes policiales informaron en su día que el dinero, o al menos parte de él, no había llegado al jefe de la banda de secuestradores porque se lo habían quedado los intermediarios.

«Para mí -explica Luisa- es que están esperando a que gane más dinero para volvérmelo a pedir. Inicialmente nos pidieron una cifra mucho más elevada porque debían pensar que teníamos mucho dinero. Cuando asumieron que nuestra realidad era otra, rebajaron sus pretensiones y ahora están esperando a que nos recuperemos para pedir más».

Tras permanecer en silencio la mayor parte de la conversación, Ana Karina lanza un desperado llamamiento a las personas que tienen retenido a su padre: «No nos importa volver a pagar, no quiero venganza, no tengo ningún interés en que los metan presos, solo les pido que nos llamen para negociar y que nos entreguen a papá».

Desgraciadamente, sucesos como el que afecta a la familia Cortés forman parte de la realidad cotidiana de una Venezuela cuya principal pesadilla es la violencia y la inseguridad.

«Me siento huérfana»

«Al principio, la policía nos mantenía muy informados de cómo iban las cosas. Ahora no tenemos comunicación alguna con ellos. Ahora me siento huérfana, sin asistencia. Le mandé una carta al presidente de la República que entregué personalmente en Miraflores [la residencia oficial del jefe del Estado venezolano]. Le pedía que tomara cartas en el asunto, incluso le mandé copia de un telegrama que le había enviado a mi esposo cuando fue candidato por primera vez, pero no he tenido hasta la fecha respuesta desde la presidencia», relata.

Por contra, la esposa de Juan Cortés está profundamente agradecida por la ayuda que recibió desde el primer momento desde del Gobierno español a través de su embajada en Caracas. «Dios mío, me dije, no estoy sola en la vida. Eso me dio una seguridad tremenda».

Secuestros dirigidos desde la cárcel

Distintas fuentes policiales y del mundo de la seguridad en Venezuela coinciden en señalar de forma categórica que el secuestro se ha convertido en una de las «industrias» más rentables del país y que el negocio se dirige desde el interior de las cárceles. Esas mismas fuentes confirmaron que la liberación de Lino Núñez, el último gallego secuestrado, se negoció con dos interlocutores de los secuestradores que hablaban desde dos cárceles diferentes. En el caso de Cortés se dice que el autor intelectual está en prisión y que el autor material murió en un enfrentamiento con la policía. Ambos serían parte de una banda muy profesional de la que también forman parte colombianos, y que actúa desde hace 5 años.

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