Un lucense acusado de violar a su mujer: «Me daba rabia dormir solo»

«No te pongas así», le dijo tras romper el cerrojo de la puerta del cuarto en el que se encerró y tras rasgarle la ropa


lugo / la voz

El fiscal pidió que le impusieran diez años de prisión porque considera que agredió sexualmente en dos ocasiones a su mujer, en el mes de julio del año 2010. Sin embargo, J.M.N.F., un vecino de la Terra Chá de 62 años, dijo ayer en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Lugo que la relación había sido consentida y que los hechos que le imputa la acusación pública se debieron a los efectos del alcohol.

El 19 de julio del 2010, la mujer del acusado dormía sola en una habitación con la puerta cerrada por dentro. Según el fiscal, el hombre, tras despertar, comenzó a llamarla para pedirle que fuera al dormitorio conyugal, pero como ella no le hizo caso, comenzó a ponerse agresivo. El siguiente paso fue insultar a la esposa y empezar a empujar la puerta hasta que logró romper el pasador. Ya en el interior del cuarto, le dijo a la mujer que si no lo hacía por las buenas, lo haría por las malas. Le agarró el pijama que llevaba puesto y se lo rompió. Seguidamente la cogió por los pelos y la llevó a la cama, donde realizó el acto sexual. Después le dijo que no contara nada a sus hijos porque sino la mataría y también se mataría él.

Según el relato de la acusación, en otra ocasión, días antes de que la mujer denunciara la situación, fue obligada de nuevo a mantener relaciones sexuales contra su voluntad al ser agarrada por los pelos y el cuello. El acusado reconoció ayer durante el juicio haber mantenido relaciones, pero nunca obligando a su esposa. J.?M.?N.?F. explicó al tribunal que él y su esposa llevaban 32 años casados y que había enfados ocasionales. Cuando eso sucedía, ella se encerraba en una habitación o iba a casa de su madre. «Me daba rabia tener que dormir solo cuando se iba a la otra habitación», dijo.

En cuanto a lo ocurrido el 19 de julio del 2010, señaló que «tenía ganas de sexo», llamó varias veces a la puerta de la habitación de su esposa «y como se hizo la sorda», se fumó un cigarro, tomó un vaso de agua y se volvió a la cama. Pero, pasados diez minutos, regresó. «Ábreme por las buenas o las malas que si no, derribo la puerta», relató ayer en el juicio. «La empujé con el hombro y abrió. Ella se metió en un hueco entre la pared y el armario. ¡Pero hazme caso!, le dije. La agarré por la ropa y se la rompí. Después la llevé a la habitación», aseguró.

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