Una vista oral que depende en buena medida de un solo acusado

la voz

El juicio del Prestige empezará en plena campaña electoral y el mensaje maniqueísta de los políticos -ya se ha escuchado alguno estos días- volverá a interferir como ruido de fondo en el desarrollo del proceso judicial. El nombre de Mangouras volverá a cargar con los tópicos que lo describen como un capitán desobediente, interesado solo en salvar el buque y su carga. El representante del Gobierno que estaba entonces en el poder, José Luis López Sors, volverá a escuchar las críticas a una gestión que, en opinión de quienes se querellaron contra él, solo pretendía deshacerse del problema por la vía rápida. En medio de todos ellos, un tribunal compuesto por tres magistrados deberá decidir hacia dónde se inclina la balanza. Ajenos, como debe ser, a todo este debate.

Pero todo se complicará de forma extraordinaria si por cualquier razón el capitán del Prestige no se presenta. Habría que desdoblar la causa y la vista oral se convertiría en un juicio en exclusiva a la gestión del Gobierno, que podría explicar el después del accidente, pero no las importantes circunstancias del antes. Está en riesgo, por tanto, esclarecer las circunstancias de la catástrofe y la historia recuerda con impertinencia el caso del capitán del Mar Egeo, Konstantinos Stavridis, que finalmente eludió el juicio. Aunque en el caso de Mangouras, afortunadamente, hay tres millones de euros de fianza que la aseguradora no querrá perder.

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