Al volante, ni un porro

El test de drogas detecta el consumo en las seis horas previas


Mediodía en la N-VI. La Guardia Civil de Tráfico establece un dispositivo especial en un tramo de intenso tráfico, a la salida del municipio coruñés de Guísamo, frente a un peaje de la AP-9 y en las proximidades del polígono industrial de Bergondo. Es un control de alcoholemia. Pero no solo eso. Además de los etilómetros para comprobar los niveles de alcohol, las patrullas incorporan un equipo portátil de comprobación del consumo de drogas al volante. Este costoso kit antidroga se utiliza, como norma general, cuando el conductor da negativo en la prueba de alcoholemia y sin embargo presenta signos evidentes de encontrarse bajo la influencia de alguna sustancia estupefaciente: pupilas dilatadas, euforia exagerada, razonamientos inconexos...

En el control de Guísamo, el sargento Cid explica que con estas pruebas se trata de detectar a los conductores que hayan consumido alguna droga o ingerido alcohol en exceso, y recuerda que un tercio de los muertos en accidentes de tráfico en Galicia lo habían hecho.

Los controles antidroga ya se vienen haciendo desde que entró en vigor la normativa de enjuiciamiento criminal que establece el procedimiento a seguir. El agente ofrece una especie de chupete al conductor, que lo introduce en la boca para que se impregne con su saliva. Esa muestra es introducida en un dispositivo capaz de detectar el consumo de hasta seis tipos de drogas, desde la marihuana hasta el éxtasis.

El sargento al mando del control reconoce que los controles de droga están orientados hacia los conductores jóvenes y en las madrugadas de los fines de semana. Pero advierte que, al igual que los de alcoholemia, se realizan a cualquier hora del día o la noche y en cualquier tipo de carretera.

«Me parece estupendo que hagan estos controles», asegura un joven conductor tras dar negativo en la prueba. Si hubiera dado positivo en drogas (el test identifica el consumo en las seis horas previas), sería denunciado y tendría que pagar una multa de 500 euros y perdería seis puntos del carné. Negarse a hacer el test está considerado delito, por lo que en ese caso el conductor sería citado para presentarse en un juicio rápido en el que podría ser condenado a entre seis meses y un año de cárcel y la privación del carné entre uno y cuatro años.

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