Una mujer sonriente que opositaba a guardia civil

Sus amigos la recuerdan como una persona alegre y optimista. Trabajaba en una panadería. El detenido se había ido a vivir a un piso en O Ponto, a solo un kilómetro de la casa de ella


FERROL / LA VOZ

Una mujer muy sonriente. Así definían ayer sus amigas y vecinas de toda la vida en el barrio naronés de Xuvia a Iria García Bouza, la mujer que fue degollada en por su exnovio en Narón . Incluso la llamaban en ocasiones Risitas por su buen carácter y su personalidad optimista. Y eso que en el amor no había tenido suerte, pues además de la tormentosa relación vivida con el ahora detenido Óscar Ferreño, tuvo un anterior compañero sentimental que sufrió un grave accidente de moto, del que le quedaron importantes secuelas.

Iria y su familia -tenía un hermano- eran muy conocidos en el barrio de Xuvia, en el límite entre Narón y Neda. Sus padres, Toñito y Marina, regentaron hasta hace unos años una carnicería, y ahora vivían cerca de la casa de su hija, pero en el municipio vecino de Neda. Ella, de solo 28 años, había estudiado los cursos de primaria en el colegio Ponte de Xuvia, y la secundaria en el IES Fernando Esquío, de Neda. Actualmente trabajaba como repartidora de la panadería O Forno da Estrada y preparaba oposiciones para la Guardia Civil. Justo cuando se produjeron los hechos, venía de trabajar. Era su hora habitual de regreso a casa y él la estaba esperando.

Salir con sus amigas

Era una chica, recuerdan sus amigas, morena, muy guapa y que, como a las jóvenes de su edad, le gustaba la moda y salir con sus amigas. Entre sus aficiones, que se podían consultar ayer tarde en su perfil de Facebook, aparecen la música de cantantes como Luis Fonsi, Rihanna o Kate Perry; o películas como Titanic o American Pie.

En su perfil de la red social, le gustaba hacerse fan de frases, algunas de ellas como «Reencontrarse con tu ex y pensar ¿Qué hacía yo con este tío?» o «Un día comprendí, que el volver a intentar siempre significa perder, que todo lo que iba ser eterno se puede acabar en un segundo, que cuando pierdes tu libertad entonces no tienes nada».

Hacía más de un año que había finalizado su relación con Óscar Ferreño, pero este, según Iria le había contado a sus propias amigas no había dejado de acosarla. Él al parecer se había mudado a un piso en O Ponto, a solo un kilómetro de la casa de la joven, y desde entonces el acoso era continuo. Se había colado en el interior de su vivienda, forzado la cerradura, y le mandaba mensajes, acciones que llevaron a la naronesa a presentar la petición de orden de alejamiento. «Tenía miedo, claro que tenía miedo», señalaba una vecina de la zona.

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Una mujer sonriente que opositaba a guardia civil