Óscar Ferreño, el caballista acusado de colar droga en juguetes

El autor del crimen de Narón con 28 años ya tenía 46 caballos. Ganó algún trofeo y fue a prisión por narcotráfico


En abril del 2006, Óscar José Ferreño Fraga contaba que cuando tenía solo 28 años ya tenía 46 caballos y que su sueño era «montar un picadero» en la parroquia ferrolana de Brión. Aseguraba que tenía claro desde los tres años que iba a ser jinete y que aprendió de forma autodidacta. Contaba con orgullo que había empleado «todos sus ahorros» para comprar «ocho caballos de distintas razas». Todo, aseguraba, con el dinero que le proporcionaba su trabajo en una empresa de montajes.

Su vida por entonces parecía girar en tono al mundo del caballo. Se dio a conocer en el mundillo y destacaba en las competiciones de la zona, ganando premios de vez en cuando. Así hasta que su mujer murió en septiembre del 2008 en la feria de Santa Cruz, en O Valadouro. La muerte fue considerada un accidente, ocurrido cuando el equino se asustó al pasar junto a una torre eléctrica y salió al galope. La mujer, de 30 años, se cayó y perdió la vida de forma instantánea al golpearse la cabeza con fuerza.

Algunos dicen que el suceso marcó a Óscar José, pero fuese así o no, en los últimos años su nombre apareció más veces vinculado a asuntos turbios y al mundo de la noche que al del deporte.

Óscar José fue detenido en marzo del 2010 como presunto jefe de una red de narcotraficantes que importaban droga a Ferrolterra procedente de Cádiz. La red trasladaba los estupefacientes por carretera y utilizaba el negocio hípico de Ferreño como tapadera, según las investigaciones. Él y otras cinco personas ingresaron en prisión provisional por esos hechos, que aún no fueron juzgados. No fue la última vez.

Óscar José volvió a ser arrestado por otro asunto de narcotráfico en diciembre del año pasado. Lo acusaron de participar en una red que distribuía drogas por prostíbulos, campamentos chabolistas y otros puntos de venta de Ferrol. La red trabajaba en colaboración con criminales colombianos y parte de los ingresos obtenidos se blanqueaban en el país sudamericano, según la investigación. La red movía la droga camuflada en juguetes. Antes de esas detenciones por narcotráfico, Ferreño fue sentenciado por un delito más relacionado con su pasión de la niñez, el robo de caballos. De hecho, su única condena firme data de mayo del 2009, cuando le impusieron 6.000 euros de multa y un año de cárcel por robar una yegua y a Rayo, según reza la sentencia: «Un caballo de raza cruzado, tipo bayo palomino».

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