El PP ignora las protestas y veta las reuniones en la calle en Vilagarcía

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

GALICIA

SERXIO GONZALEZ

Impuso su mayoría en el pleno, tras una negociación fallida con el PSOE

01 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

A falta de resultados de mayor provecho, el pleno que ayer celebró el Concello de Vilagarcía (37.903 habitantes) enriqueció, al menos, el debate político con todo tipo de referencias, más o menos cultas pero siempre intencionadas. Desde la comparación que Esquerda Unida estableció entre la capital arousana y el Springfield de los Simpson hasta las acusaciones de «fascismo» del BNG y las puyas del PSOE sobre la recién bautizada «ordenanza do patinazo», pasando por las réplicas del PP en torno al «cinismo» y la «hipocresía» que dijo encontrar en la oposición. Finalmente, la normativa fue aprobada de forma provisional sin un solo cambio, proscribiendo por tanto las congregaciones de gente en las aceras cuando esta situación implique que otros viandantes tengan que descender a la calzada.

Poco importó que el clima reivindicativo tomase un salón de plenos ganado últimamente por el aburrimiento. O que en la tribuna de prensa no cupiese un ordenador más. Las pancartas de los skaters, que no podrán patinar en las plazas, potestad que la norma limita a los niños menores de ocho años, y las firmas que los aparcacoches reunieron (una gorrilla se levantó para plantificar una carpeta verde en la mesa del alcalde) no fueron suficientes para doblegar al PP y a su socio de gobierno, el solitario concejal independiente de Ivil. Como tampoco la petición unánime de los tres grupos de la oposición para que los conservadores retirasen su borrador y abriesen el abanico. Los populares aceptaron el cuerpo a cuerpo, especialmente su portavoz, Marta Rodríguez Arias, pero cuando la bronca llegó a un punto peligroso, con airadas intervenciones desde el público ante las que se olfateaba alguna que otra expulsión, el regidor, Tomás Fole, llamó a votar: 11 ediles (10 del PP y 1 de Ivil) a favor, 10 (5 del PSOE, 3 del BNG y 2 de EU) en contra.

Aunque salieron a relucir otros aspectos espinosos, como la obligación de los usuarios del bus urbano de gesticular en las paradas para llamar la atención de los conductores o la necesidad de que cualquier cola en la calle se ordene en fila de a uno, el artículo estrella es, sin duda, el 35.7: «Os peóns non deberán deterse nas beirarrúas formando grupos, cando iso obriguen a outros usuarios a circular pola calzada». La portavoz del BNG, María Villaronga, no dudó en citar la opinión que el catedrático de Derecho Constitucional Roberto Blanco Valdés vertió en La Voz acerca del «afán ordenancista excesivo» que aqueja a este tipo de planteamientos.

Algo no debía de ir del todo bien en el criterio del gobierno cuando el alcalde convocó, dos horas antes del pleno, a la número 1 del PSOE, Tania García. Los socialistas habían presentado a primera hora de la mañana diez enmiendas. Entre ellas, la eliminación del veto a las congregaciones, el correr y el saltar en la vía pública, junto a su sustitución por un principio general: «Todas as conductas e actividades desenvolvidas nas vías públicas estarán sometidas ao principio xeral de respecto aos demais». A excepción de dos, los populares estaban dispuestos a aceptar las correcciones. Pero el PSdeG apostó por el todo o nada. Y ahí expiró la posibilidad de un acuerdo, en una discusión sobre si es la filosofía o la letra lo que define la sustancia de los actos normativos. En eso y en una frase del regidor, «algunos tendrían que volver al colegio», que desató el enésimo lío de la jornada.

100 ?

Infracciones leves

Indica el límite máximo. La cuantía puede ser inferior.

200 ?

Infracciones graves

Hacer el caballito con una bici entra dentro de esta categoría.

500 ?

Infracciones muy graves

Las cantidades exactas deben ser fijadas por la alcaldía.