Los náufragos del «Mar de Dios» se salvaron por nadar mar adentro

Fueron recogidos por otro pesquero y su barco quedó destrozado en las rocas

naufragio A Sagrada

ribeira / la voz

En un pueblo acostumbrado a las desgracias en el mar como Porto do Son, donde el hundimiento de barcos como el Furacán, en el que murió su patrón, todavía resuenan en la mente de todos, ayer fue un día de impotencia y satisfacción a la vez: impotencia porque, nuevamente, las olas se tragaron un barco, y satisfacción porque, ayer, los hombres le ganaron la partida al mar. Todo ocurrió de madrugada, cuando fueron rescatados con vida los dos tripulantes del Mar de Dios, que encalló en las rocas de la zona sonense de A Sagrada, y que pocas horas después quedaba reducido a restos de poliéster. Partes de la cubierta, el puente o los depósitos se esparcían por las rocas.

Sobre las cinco de la madrugada, se empezaron a oír por VHF voces desesperadas de auxilio. Eran las de Juan Carlos M. B., de 48 años y patrón del Mar de Dios y la de Segundo M. I., de 39 años y tripulante de esta misma embarcación. Ambos de Noia, pero con el barco con base en Portosín. Gritaban: «¡Collédenos, collédenos!». A los pocos minutos -se calcula que unos seis o siete-, una embarcación llamada Axexo llegaba a la zona para rescatarlos. Primero no les veían, pero luego los enfocaron con un reflector y lograron distinguirlos en la oscuridad. Estaban nadando mar adentro. Al parecer, esa fue su gran habilidad, puesto que si llegan a hacerlo contra las rocas se podrían haber llevado un golpe, ya que el mar, aunque no estaba embravecido del todo, «tampouco estaba moi ben», según indicaron voces autorizadas marineras.

Tenían mucho frío

Les llevaron hasta el muelle de Portosín todo lo rápido que pudieron, sobre todo porque ambos tenían mucho frío y el patrón parecía tener el habla bloqueada. En el puerto les esperaba ya una ambulancia y Protección Civil. Fueron trasladados al hospital de Barbanza, donde les hicieron placas y distintas pruebas. Finalmente, a media mañana, les dieron el alta puesto que los síntomas de hipotermia eran leves y se consideró que podían recuperarse en casa.

Horas después, un hermano del patrón, señalaba: «Tanto meu irmán como meu primo -refiriéndose al otro náufrago- están ben, pero aturdidos e asustados aínda. Son persoas con experiencia no mar, sabían que tiñan que nadar para fora». Explicó que el barco solo tenía 8 años, pero «estas desgrazas ocorren».

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