El nacionalismo gallego se bifurca en dos referencias

Beiras sopesa la oportunidad de encabezar de nuevo una candidatura a la presidencia de la Xunta


santiago / la voz

Si Xosé Manuel Beiras decide asumir hoy el sentimiento mayoritario que parece imperar entre los 450 activistas del Encontro Irmandiño (EI), la corriente interna que lidera en el BNG, le tocará jugar en Galicia el papel que desempeñó Carlos Garaikoetxea en el País Vasco en 1986, cuando abanderó la gran escisión del PNV y lo despojó de su alma socialdemócrata y aconfesional. Las maniobras tácticas protagonizadas ya por grupos minoritarios del Bloque, como Esquerda Nacionalista, o por dirigentes como Pérez Bouza y Teresa Táboas están arrastrando al nacionalismo gallego hacia una bifurcación, poniendo en manos de Beiras la oportunidad de alterar el mapa político si encabeza de nuevo, once años después, una candidatura a la presidencia de la Xunta.

Que el nacionalismo gallego avanza de manera inexorable hacia un esquema con dos referencias electorales no lo discute casi nadie en el BNG. En realidad ya lo lleva haciendo desde el año 2009, cuando el Bloque, con Anxo Quintana al frente, fue apeado de la Xunta y en el entorno de Beiras se habló por primera vez de escisión.

La bifurcación lleva meses produciéndose por la base, con el imparable goteo de bajas de militantes, y la novedad es que ahora se está ampliando a los dirigentes de las corrientes ajenas al reparto de poder en el BNG.

Todavía está por ver cuánto conseguiría avanzar -si es que avanza algo- el nacionalismo gallego con esta ruptura. En el País Vasco tuvo un ligero coste, pues el PNV y EA obtuvieron en 1986 dos escaños menos de los que habían logrado juntos dos años antes. Y en Galicia, al menos hasta el momento, el nacionalismo logró mejores marcas unido que separado, pues el Bloque se situó en los 18 escaños en 1997, mientras que la fragmentación fijó un techo de 15 diputados en 1985, sumando los 11 de Coalición Galega, los 3 del PSG-EG de Camilo Nogueira y uno más obtenido por el BNG con el propio Beiras.

La virtual escisión, que esta tarde podrían decidir en asamblea los irmandiños, tiene también algunos inconvenientes en la práctica, especialmente en aquellos concellos donde esta corriente tiene poder institucional, como son el caso de Teo, Bueu, Arbo, Manzaneda, Monforte de Lemos o Ribadeo.

En caso de que se dicte el fin de la concentración parcelaria que ha protagonizado el Bloque en el nacionalismo gallego, algunos alcaldes ya están promoviendo que se instaure una «unidade de acción nas institucións» para que no se deteriore el entendimiento en sus grupos de gobierno y se pueda continuar con el mandato de la urnas del pasado mes de mayo.

Se trataría de crear un clima entre la dirección del BNG y los escindidos para negociar una «custodia compartida» sobre estos ejecutivos locales. Una plataforma, al fin y al cabo, dirigida a facilitar que el nacionalismo pueda confluir de nuevo más adelante. Eso sí, no sin antes testar la bifurcación en las urnas con Beiras y Teresa Táboas de referentes electorales por las provincias atlánticas.

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