Diogo ya tiene dos manos

Monica López Torres
mónica torres OPORTO / ENVIADOS ESPECIALES

GALICIA

El niño que puso a Galicia entera a recoger tapones consigue su prótesis

17 dic 2012 . Actualizado a las 14:08 h.

Diogo Farinhoto tocó ayer la batería con sus propias manos. El niño que conquistó a Galicia para que le ayudasen a coleccionar tapas con las que sufragar una prótesis ortopédica cumplió su sueño. El pequeño, acompañado por su madre, su abuelo y el empresario que desinteresadamente ha pagado la cuenta de esta primera mano llegaban a la clínica protésica de Matosinhos a las cuatro de la tarde.

A esa hora seguía con la prótesis de plástico que desde hace tres meses maneja para acostumbrarse a la nueva. Diez minutos después sorprendió a todos una vez más siendo capaz, por primera vez, de activar los electrodos de la prótesis y conseguir apretar a todos los presentes la nariz con su mano derecha, donde hasta ahora y desde que nació solo tenía un muñón. Imposible capturar la imagen de ese momento, ya que el acceso estaba restringido a la familia, pero las lágrimas con las que la madre abría la puerta para que los fotógrafos pudieran tomar las primeras impresiones eran de enorme emoción. Solo hay dos maneras de acallar la lucha de una madre y la única lícita es la que ayer saboreó Elisabete. Tras diez meses hablando públicamente y luchando sin parar para darle esa oportunidad a Diogo, la mujer no fue capaz de articular palabra por la felicidad que sentía. Ante los gestos de Diogo, sobraba cualquier otra interpretación o palabra. La jornada del niño comenzó a las ocho de la mañana. La de su madre comenzó mucho antes. Doce horas antes, ya de madrugada, aseguraba a La Voz estar mucho más nerviosa de lo que en su día había estado cuando dio a luz. Durante la mañana, la familia aún sacó tiempo para ir a recoger tapones y envases a las zonas limítrofes con Oporto. Diogo reiteró, como explica su abuelo Antonio, lo que viene repitiendo desde las últimas semanas: «¿Cuándo voy a tener mi mano nueva, esa que aprieta?». Durante su llegada a la clínica, el pequeño mantuvo gran tranquilidad pese a la expectación mediática que acompañó su caso.

Benefactor anónimo

El primer y más emotivo encuentro se produjo con el empresario que vino personalmente desde Lisboa acompañado por su mujer para presenciar cómo le colocaban a Diogo la mano y abonar la totalidad de la factura, por un importe de 8.400 euros. El hombre quiere mantener el anonimato, pese a que es muy conocido en Portugal. Sí accedió a explicar su gesto. El benefactor, ingeniero civil jubilado, contó que se decidió a ayudar a Diogo cuando se enteró de que la cooperativa con la que estaba colaborando en la recogida de tapones había fallado al pequeño. «Parece que estaban jugando con el niño y eso no lo podía permitir. Lo que me llevó a ayudar a Diogo fue un impulso, noté la frustración de la madre», explicó.