La tragedia del patrón muerto en Vilagarcía sucedió en 8 minutos

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

GALICIA

La tripulación del mercante oyó un golpe a proa y vio zozobrar la lancha

27 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ocho minutos. Este es el lapso que separa el momento en el que el práctico de Vilagarcía subió al portacontenedores Nórdic Stani y la primera de las llamadas telefónicas que el patrón de la lancha que lo trasladó al mercante y su compañero nunca contestaron. Ocho minutos bastaron para desatar una tragedia que mantiene conmocionada a la comunidad portuaria de la capital arousana.

Transcurridos cuatro días desde el accidente que en la madrugada del viernes costó la vida a Ramón Soto Mariño, comienzan a aclararse las circunstancias que rodean lo ocurrido. El mercante de bandera chipriota ha abandonado ya la ría de Arousa rumbo a Las Palmas. Antes de zarpar, cuatro de sus tripulantes prestaron declaración dentro de la investigación ordenada por la ministra de Fomento, Ana Pastor. Sus testimonios, a los que ha tenido acceso este periódico, indican que la lancha del práctico no pudo separarse del buque y que, de alguna forma, se vio arrastrada a lo largo del casco hasta colisionar, probablemente con el bulbo, la estructura tubular que remata la proa de este tipo de barcos.

La pequeña embarcación, de unos siete metros de eslora, depositó al práctico en el Nórdic Stani a las 23.30 horas del viernes. Ocho minutos después, la tripulación de uno de los dos remolcadores que participaban en el atraque del portacontenedores telefoneó por primera vez a Soto. La llamada se repitió a las 23.45. Nadie respondía.

Según sus propias declaraciones, el cadete y el segundo oficial del mercante se encontraban entonces a proa, preparando los cabos que lanzar a los remolcadores. Aseguran haber visto la lancha a babor, «demasiado cerca» del casco, sin poder alejarse. Inmediatamente lo comunicaron al puente. El capitán y el primer oficial así lo certifican. A continuación escucharon un golpe y vieron la luz de la cabina de la lancha zarandearse con violencia a estribor, mientras el agua barría su cubierta.

Alertados de lo que sucedía, los cinco tripulantes de los dos remolcadores emprendieron la búsqueda desesperada de la embarcación perdida, barriendo con sus focos la superficie del mar en una noche negra. Cuando dieron con ella, la lancha giraba sin control. El maquinista de uno de los barcos auxiliares se lanzó sobre su cubierta y apagó el motor, hiriéndose en un brazo. Sus compañeros rescataban el cuerpo de Soto, conocido en Vilaxoán por su apodo, Pimienta, que mostraba una fuerte contusión en la cabeza, y a Eugenio Martínez Ferreirós, aterido. Que cayesen al agua habría sido consecuencia del impacto contra un buque enorme que, por su desplazamiento y la escasa velocidad de atraque, es incapaz de hacer maniobras bruscas.