Diogo pisa Galicia por primera vez

El niño luso tomó helado en Baiona y comió en A Guarda


a guarda / la voz

Olá Diogo!, ¡Hola Diogo! Tampoco suena igual, pero se oye indistintamente en las dos riberas del Miño. El pequeño gran niño luso de Caminha, que cameló a todos con ese innato don de convencimiento de los infantes y su particular risa de «malandro» pisó ayer por primera vez en su vida Galicia.

Y lo hizo por la puerta grande. Su madre pretendía una cariñosa e informal escapada. Hasta que llegó a Baiona, el niño bajó del coche y, casi al unísono, sonaba la llamada de un viandante sorprendido: ¿Hola, Diogo? Hasta ahí duró lo de particular, pero se multiplicó lo de cariñoso. Sonriendo, con la misma fuerza e ilusión con la que tres meses atrás invitó a gallegos y a portugueses a que unieran sus manos para coleccionar las 19 toneladas de tapas de plástico con las que podría ganar la que a él le faltaba.

Así se presentó el mismísimo Diogo en persona, poco después de las diez y media de la mañana y sin anunciarse en la delegación de La Voz en Baiona. No consiguió llegar a tiempo de ayudar a los guardeses que, con el camión de este Concello, recogieron el material acumulado en la heladería Gamela. Él quería agradecer el apoyo y la canalización de su campaña a lo largo y ancho de Galicia hasta Portugal, pero tuvo que empezar por el postre.

A las once disfrutaba ya en el Gamela del yogur y el helado prometido con el que le obsequió su propietaria y, minutos después, continuó viaje hasta A Guarda. «Imposible no venir, era una deuda», afirmaba la madre, pese a que para poder salir de Portugal tuvo que asumir su trabajo la abuela del pequeño.

A Guarda era su principal punto de destino. «No pudimos ayudar a los que recogieron en Baiona, pero sabemos del apoyo incondicional de los guardeses y su Concello es el que permitió extender además la parte logística de la campaña a Galicia», explicó su madre poco antes del mediodía.

Treinta kilómetros después, conseguía un encuentro con el regidor guardés en el ferri de la villa. Allí le trasladó el agradecimiento para el pueblo y Diogo compartió mesa y mantel con el alcalde Domínguez Freitas. Pero si Diogo sorprendió a su paso, no menos alterada está Gondar, la pequeña parroquia lusa en la que residen y que, desde el lunes, ha recibido a más de una decena de medios de comunicación de los dos países.

Derroche de ilusión

Madre e hijo derrochan felicidad e ilusión. Saben que aún hay por delante otras 36 toneladas que recoger en dos años y confían en que sus amigos gallegos y portugueses «sigan soñando con nosotros». Pero ya hay otro avance importante. «Antes de la campaña, cuando la gente veía a Diogo en la playa o en la tienda decían o pensaban, pobrecito; y aún me dolía más». Ahora, «todos le dicen hola Diogo con normalidad y ese es otro gran paso para nosotros», añade. El siguiente, en una semana, porque su mano estética ya está lista.

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