Las generales del 20-N dividen al Bloque sobre la conveniencia de retrasar la asamblea nacional

El último sábado de agosto, el consello nacional, máximo órgano entre asambleas, decidirá si mantiene la cita o la aplaza para después del 20-N.


SANTIAGO / LA VOZ

Las pasadas municipales de mayo, en las que el BNG volvió a perder apoyo social, generaron un propósito colectivo de enmienda en todas las fuerzas en aras de recuperar la unidad y ganar la confianza ciudadana. Para tratar de escenificar ese gran acuerdo, el BNG había puesto fecha: la asamblea nacional del 22 y el 23 de octubre, que serviría para elegir líder y futuro candidato a la Xunta. El adelanto de las generales ha trastocado el calendario y, en cierta medida, ha enfriado el espíritu de concordia al destapar unas divisiones internas que también se han hecho evidentes con el manifiesto de los alcaldes.

El último sábado de agosto, el consello nacional, máximo órgano entre asambleas, decidirá si mantiene la cita o la aplaza para después del 20-N. Una decisión sobre la que no ha habido acuerdo. Mientras la Unión do Povo Galego, partido mayoritario en el frente, y el Encontro Irmandiño -corriente liderada por Beiras- son partidarios de retrasarla, Máis Galiza, segunda corriente en representación, considera que la fecha de octubre podría ser una oportunidad para recuperar el consenso y relanzar al BNG a solo un mes del 20-N. Un día en el que el nacionalismo se juega mantener su representación en Madrid, tal y como aventura la encuesta del CIS.

El principal problema de esta tesis, tal y como sostienen los irmandiños y como admite Máis Galiza, es que no se dan las condiciones internas que propicien una asamblea de consenso -Beiras advierte de que la refundación del Bloque pasa por recuperar a afiliados excluidos- y que celebrar un cónclave con listas enfrentadas, trasladando a la sociedad una imagen de división, sería un suicidio político a un mes de unas elecciones trascendentales. Un argumento que, en gran medida, comparte la U, partidaria de que todo el trabajo de la organización se concentre a partir de ahora en las generales. Una cita que permitirá, además, comprobar la predisposición de todas las fuerzas para consensuar las listas y recuperar la unidad del frente. Sobre esto ya han alertado voces internas; de nada valdrá aplazar la asamblea si el Bloque escenifica ante la sociedad una fractura en la elaboración de las candidaturas para concurrir al 20-N.

Así las cosas, todo indica que el BNG oficializará en el consello del sábado 27 de agosto el aplazamiento de la asamblea, decisión que contaría con los votos favorables de la U y los irmandiños y, probablemente, con la abstención de Máis Galiza. A partir de entonces, el frente tendrá ante sí el reto de invertir la tendencia y recuperar apoyo social sin haber acometido la refundación y en un escenario electoral que estará marcado, más que nunca, por los dos grandes partidos.

el curso político del bng

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