La segunda victoria de la escuela Romay

El PSOE perdió su presencia en nueve concellos de A Coruña, y el BNG, en 14


santiago / la voz

Hubo dos grandes ovaciones en el comité de dirección que el PP gallego celebró el pasado miércoles para analizar los resultados de las elecciones del 22 de mayo. La primera, espontánea, fue dedicada a Carlos Negreira para reconocerle su triunfo en A Coruña. La segunda se produjo instantes después, cuando Conde Roa informaba de que el recuento oficial de votos en Santiago garantizaba su pase a la alcaldía. Detrás de la apuesta personal por Negreira, Conde Roa o por José Manuel Rey y Diego Calvo está la mano de Alberto Núñez Feijoo. Y el perfil político de todos ellos se esculpió en los talleres dirigidos por Romay Beccaría, el segador de las boinas en la provincia coruñesa, que a sus 77 años se convirtió en el vencedor moral de los comicios del 22-M.

En cierto modo, la escuela de Romay es ahora mismo a la política gallega lo que la masía del Barça es al fútbol español: los éxitos. El primero de los grandes trofeos, disputado internamente, lo conquistó en enero del 2006, cuando Feijoo se hacía con las riendas del partido, convirtiendo implícitamente a Romay en el ganador de la sucesión de Fraga frente a Cuíña, Baltar y Cacharro. El segundo título se disputó a dos tiempos. Primero reconquistando la Xunta con los dos escaños que se sumaron por A Coruña y Pontevedra; y después, convirtiendo la provincia coruñesa en la zona cero de la derrota del PSdeG y el BNG en las municipales.

El propio pater familiae no se ocultó durante la campaña, hasta el punto de que Feijoo llegó a presumir: «Nosotros nunca lo jubilamos». Reparto de publicidad en A Pobra do Caramiñal o en Betanzos. Comidas con militantes en Boiro o en Sada. Romay siempre estuvo ahí, bien para proclamar a Negreira como su hijo político y decir públicamente que «Carliños es un crac» o bien al asumir hace unos meses el papel de auditor del código ético del PP.

Desde la sombra

Nunca había logrado tanto Romay desde la primera línea como ahora desde la sombra a través de sus herederos. Sus fracasos personales de los años noventa se han ido compensando ininterrumpidamente, aunque de forma interpuesta, desde que el ferrolano Juan Juncal ganó a finales del 2004 el congreso provincial del PP cuestionando las preferencias de Fraga.

Lo que se inició entonces, concluyó el pasado domingo, cuando el PP se hizo con todo el poder institucional de peso en la provincia de A Coruña. El PSOE fue barrido del mapa en el 10% de los concellos, al quedarse sin representación en nueve: Abegondo, Coirós, Mazaricos, Moeche, Sobrado, Toques, Vilarmaior, Vilasantar y Zas. El BNG, a su vez, no estará presente en las corporaciones de A Baña, Cabana de Bergantiños, Camariñas, Dumbría, Mañón, Miño, Neda, Negreira, Ortigueira, Paderne, Santa Comba, As Somozas, Tordoia y Trazo.

Y ese tsunami se produjo pese a que socialistas y nacionalistas sustentaron en los últimos ocho años el gobierno de Fernández Moreda en la Diputación de A Coruña que, a priori, estaba llamado a rentabilizar la labor política del bipartito provincial en los municipios más pequeños.

El vuelco electoral de A Coruña solo es comparable, aunque a mucha distancia, con el revés de los socialistas en Ourense, donde conservarán la capital, pero se quedarán sin representación alguna en 15 concellos, pese a que el secretario general del PSdeG, Pachi Vázquez, concentró todo su esfuerzo en la circunscripción en la que vota, donde llegó a ofrecer uno o dos actos electorales cada día.

Tanto en Pontevedra como en Lugo, el éxito electoral está mucho más repartido. En la primera, el PP revalida la Diputación, pero pierde fuelle en su apuesta por conquistar las alcaldías de Vigo y Pontevedra, en las que Abel Caballero y Fernández Lores mejoran de forma notable su posición, mientras la izquierda le entrega al PP el premio de consolación de Vilagarcía.

En Lugo, los populares se quedaron muy lejos de revalidar la gesta de los herederos de Romay en A Coruña. Pese a que aumentaron cuatro puntos su nivel de voto, el PSOE aguantó el embiste mucho mejor que en otros sitios. De hecho, la provincia natal del ministro José Blanco es la única en la que los socialistas tendrán representación en los 67 municipios.

crónica política

La municipales obligarán a hacer mudanza en el Parlamento gallego, donde al menos seis escaños cambiarán de manos. Por el PP, Negreira, Ruiz Rivas, López Campos y José Antonio García renunciarán al acta para ser alcaldes, y en el PSOE lo harán al menos Mar Barcón y Leiceaga, para ejercer la oposición en A Coruña y Santiago.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos

La segunda victoria de la escuela Romay