La crisis disparó la competencia en un oficio que se paga bien


Wcisko es el jefe de las dos cuadrillas que trabajan para Ovica: una de ellas, de cuatro personas, en Ourense, donde hay más rebaños y más numerosos; y otra, con la que trabajaba ayer en Triacastela, para el resto de Galicia. Reconoce que es duro, «pero se paga bien». En cuantías y equivalencias con el salario medio de Polonia no quiere entrar. Se limita a señalar que venir a trabajar a España en cualquier otro oficio no les compensa y la rapa sí. Después de mes y medio de explotación en explotación están deseando acabar su trabajo y volver con su familia a Polonia. Regresarán en septiembre a Galicia porque hay algunos criadores que quieren una segunda rapa antes del invierno.

La crisis ha disparado la competencia en este oficio con la proliferación de rapadores. Los polacos prácticamente se conocen todos y saben por dónde se está moviendo cada uno. Muchos pasaron de simples miembros de cuadrilla a llevar las riendas de sus negocios y a ofrecer sus servicios y sus precios en explotaciones que conocían cuando iban con sus patronos. En Galicia, además de las numerosas formaciones de polacos, opera una autóctona de un vecino de Negueira de Muñiz, con explotación de ovejas propia: él aprendió el oficio en Aragón. Es socio de Ovica y se dedica a los grandes rebaños.

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