Pulso incomprensible a costa del catálogo

Pajín se niega a apoyar la idea de la Xunta solo porque no fue suya


madrid / la voz

En tiempos de crisis, existen pocos asuntos en los que resulte tan obvia la obligación de la Administración de garantizar el acceso a un producto al menor precio posible como es el de los fármacos. Y en pocas cuestiones está menos justificado el dispendio público que en el de los medicamentos. En época de apreturas, el ciudadano puede renunciar a prestaciones que en momentos de bonanza estarían justificadas, aparte de su sueldo o a derechos sociales que parecían consolidados. Pero no a conservar su salud. Sabiendo que no puede escatimar en medicinas, a una Administración con la cartera vacía no le queda más remedio que reducir la factura que paga por ellas. Cuanto más, mejor.

Gestión torpe

Por eso resulta tan incomprensible lo que ocurre con el catálogo de medicamentos aprobado por la Xunta y apoyado por el Parlamento gallego. Parece difícil que una propuesta tan necesaria reciba peor trato y se gestione tan torpemente. El Gobierno central se niega a aprobar una medida que sabe beneficia a todos solo porque la idea no fue suya. Y la Xunta, en lugar de agotar el diálogo, puso en marcha unilateralmente su propuesta.

Falto de mejor argumento, el Gobierno recurre a uno tan rebuscado como el que el ministro de Justicia explicó a La Voz. «Si a un catalán su médico le receta un medicamento con tres principios activos no puede ser que llegue a Galicia y en lugar de esa marca le den tres genéricos diferentes aunque sean más baratos». ¿Por qué no?, cabe preguntarse. Y, sobre todo, ¿no será mejor que en Cataluña y en cualquier otra comunidad se recete siempre lo más económico?

La expresión más clara sobre la pésima gestión de una buena idea la hemos visto esta semana, cuando la conselleira de Sanidade, Pilar Farjas, que aprobó el catálogo sin contar todavía con el visto bueno del Gobierno, buscaba a la desesperada una reunión con la titular de Sanidad para impedir un recurso que ya está decidido. Y cuando la ministra Leire Pajín recurría a argucias impropias de un gobernante para no recibir a Farjas y escuchar lo obvio: que el catálogo ha supuesto un ahorro espectacular en Galicia en los pocos días que lleva en vigor.

Antes de que el ciudadano pague el empecinamiento de unos y la insensatez de otros, el Gobierno y la Xunta están obligados a buscar un acuerdo que permita aplicar una medida imprescindible en estos tiempos.

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