La defensa del gallego divide por vez primera al nacionalismo

Sectores del BNG, próximos a Máis Galiza, abogan por rebajar la tensión social con el idioma en contra del criterio de la UPG


SANTIAGO/ LA VOZ.

La apuesta por el monolingüismo en gallego y por una confrontación con el castellano como lengua dominante era, hasta hace bien poco, un signo distintivo del nacionalismo. Por vez primera, algunas voces empiezan a cuestionar si ese es el camino correcto en una sociedad con un alto peso de los castellanohablantes, que pueden sentirse agredidos, y en un país en cuyo horizonte más inmediato no se vislumbra una sociedad monolingüe en gallego.

El debate lo ha abierto el profesor Henrique Monteagudo, que ha elaborado un informe -publicado por el IGEA, el instituto que preside el ex vicepresidente Anxo Quintana- en el que, además de apostar por la obligatoriedad de la enseñanza del gallego, aboga por rebajar la tensión social con la lengua propia y por abandonar una estrategia de deslegitimación constante del castellano, lo que puede generar aversión en amplias capas sociales. El estudio defiende una política encaminada a sumar competencias lingüísticas, en lugar de restar, y cuenta con la adhesión de figuras de la cultura y el espectáculo y de militantes y ex cargos nacionalistas, como Xosé Antón Pérez Lema, Encarna Otero o la ex conselleira Teresa Táboas.

Aunque voces del BNG han querido situar esta polémica en el ámbito académico, lo cierto es que el informe elaborado por Monteagudo ha desatado un reguero de respuestas en el plano político, casi todas ellas provinientes de la Unión do Povo Galego (UPG), la fuerza hegemónica del Bloque. Una de las primeras en contestar públicamente fue la ex diputada Pilar García Negro y hace pocos días también se posicionó en contra Carlos Callón, máximo responsable de A Mesa pola Normalización, la organización que abandera la lucha contra la política lingüística impulsada por Feijoo.

Casi todas esas voces coinciden en señalar que la estrategia propuesta por Monteagudo supone echar por tierra un trabajo de años y, sobre todo, asumir que el nacionalismo, por estrategia e inteligencia, debe esconder su identidad para ganar apoyo social. Este sector considera, además, que asumir las tesis del informe del IGEA conduce a negar algo que, históricamente, ha defendido el nacionalismo: que el castellano es una lengua impuesta en la enseñanza, en la Administración y en los medios, y que eso es lo que explica, en gran parte, la situación de sometimiento del gallego.

La polémica no solo evidencia dos formas distintas de cómo promover y normalizar la lengua gallega, sino que muestra, una vez más, la batalla ideológica que libran dos sectores por liderar la estrategia política nacionalista. De un lado, la UPG, y de otro, Máis Galiza, la corriente llamada a renovar el Bloque. El debate constituye además un triunfo de Feijoo por ser consecuencia directa de su polémico decreto, que ha logrado abrir una brecha en lo que parecía un muro de hormigón.

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