«O que me salvou foron as ganas que tiña de abrazar o meu fillo»


Para Marcos Amado está muy claro qué fue lo que le salvó la vida. La intervención de los médicos, pero sobre todo, como dice, «as ganas que tiña de abrazar o meu pequeniño, o meu fillo». Este vecino de A Laracha, de 39 años, tuvo hace ya cuatro una aplasia medular, una enfermedad que afecta a la producción de sangre. Ahora, recuperado, anima a donar sangre. «Porque iso lle salva a vida a moita xente», concluye. Y es que durante el tiempo que estuvo enfermo, lo pasó mal. Todavía se le saltan las lágrimas cuando recuerda cómo solo podía ver a su hijo a través de un cristal. «Asomábase un pouquiño dende a porta para que o puidera ver, pero non o podía abrazar», recuerda.

La enfermedad fue muy rápida. «Empezaron a aparecerme mouratóns, epitequias e a sangrar as enxivas coma un río. Pero non notaba nada. Non doía. Fago pesca submarina e un domingo que non se podía ir polo tempo, aproveitei para ir ata o médico. Tiven que ir xa para urxencias do Chuac», cuenta. Allí estuvo tiempo haciendo pruebas y pruebas hasta que ya fue para una habitación. «E estiven tres meses e medio», añade.

El período que pasó en el hospital tuvo altibajos. Los primeros quince días estaba bien, recorría el hospital. «Pero despois xa o corpo pedía ir para a cama. Tiñan que transfundirme bolsas de plasma e plaquetas. Ás veces tiñan que poñerme dúas xuntas. Logo xa fun para un cuarto illado porque podía coller calquera cousa», recuerda.

Los que iban a verlo podían entrar con mascarilla y tenían que analizar el aire para que no entrara ninguna bacteria. «Con todo algunha entrou», cuenta. La alternativa que veían era practicar un trasplante de médula, pero nadie en la familia era compatible. «Logo probaron cun medicamento moi duro. Ía por vena e mentres estaba entrando sentía moita dor», recuerda.

En aquella etapa había momentos en los que pensaba que no lo superaría. «Aos médicos dicíalles que quería ir para a casa, que non quería morrer no hospital. Porque son aberto e alí facías algunha amizade e algún morreu. Non cho dicían, pero te enterabas», explica. Tras estar tres días en la uci, lo dejaron ir a casa. Fue su gran medicina. Se recuperó.

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«O que me salvou foron as ganas que tiña de abrazar o meu fillo»