«Estoy bien, estoy bien», comentó el joven, que ya ha vuelto al colegio tras su odisea en Ourense


La vida vuelve a ser normal para el menor portugués que tuvo que pasar varias noches encerrado en una cuadra en Ourense. Ha regresado al colegio. Ha dejado de trabajar. Ha vuelto a ser niño. O adolescente. «Estoy bien. Estoy bien», explica en un español tímido que da paso al portugués. «Xa pasou todo», apunta al tiempo que avanza hacia quienes se interesan por su estado.

Cubre el pelo con la capucha de una sudadera. Pero cuando llega a la verja que cierra el patio la quita, la retira para dar dos besos a los que llegan y preguntan. Ha ido al colegio por la mañana, pero volverá por la tarde. Irá con su padre, su madre, una tía y una vecina. Van porque los ha citado el director. Un coche con matrícula española aguarda frente a la verja. Suben y se marchan. El coche se pierde en la calzada.

Es el mismo en el que el padre vino desde Barcelona en cuanto conoció la noticia. Es albañil y está trabajando en la capital catalana. La nube de ceniza del volcán islandés también le tocó de lleno. No pudo coger ningún vuelo y tuvo que echarse a la carretera con los nervios atenuados por la noticia de que su hijo ya había aparecido. Porque partió el viernes y tras doce horas de viaje llegó a Portugal.

Allí lo aguardaba la familia. La mujer, nerviosa, prefiere no hablar. «Non quero nada, nin fotos, nin falar», cuenta. Ese temor que trasciende las palabras ha contagiado también a los vecinos del pueblo. Todos conocen ya lo que ha ocurrido. No quieren ver otro capítulo igual.

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«Estoy bien, estoy bien», comentó el joven, que ya ha vuelto al colegio tras su odisea en Ourense