Aprobada la reforma de la Lei do Solo con los votos del PP, la abstención del PSdeG y el rechazo del BNG

Los socialistas han optado por esta postura en el Parlamento después de que los populares apoyaran la construcción de plantas de acuicultura en la Red Natura. El BNG ha mostrado su rechazo a la nueva norma.


La reforma de la Lei do Solo se ha aprobado hoy en el Parlamento gallego con los votos favorables del PP, la abstención del PSdeG y el voto en contra del BNG.

El PSdeG se abstenido en la votación después de que el PP apoyara la construcción de plantas de acuicultura en la Red Natura. La portavoz del Área de Territorio de los socialistas gallegos, Mar Barcón, explicó que este importante escollo impidió el apoyo a esta norma a pesar de la incorporación de una serie de enmiendas socialistas al texto.

Barcón destacó hoy la pérdida de «confianza y de lealtad» en ambos grupos políticos después de que una enmienda admitida para impedir la instalación de plantas de acuicultura en la Red Natura fuera respondida por el presidente de la Xunta diciendo «la ley es la ley pero la Xunta hará una piscifactoría en Touriñán». Por tanto, «no nos podemos fiar», dijo la diputada.

Para el popular Román Rodríguez, esta postura del PSdeG es una mera «excusa de mal pagador» y revela, dijo, un «escaso» liderazgo, así como la «división» del grupo.

Mientras, el BNG, que mantuvo desde el principio su oposición a la norma, consideró que se trata de una «chapuza» y contiene algunos aspectos que han dado lugar a brotes de «corrupción» y especulación, como la posibilidad de «monetarizar» la cesión de terrenos a los ayuntamientos por las promotoras, dijo la nacionalista Teresa Táboas.

Tanto el popular Román Rodríguez como el conselleiro de Política Territorial, Agustín Hernández, lamentaron los «vaivenes» de los socialistas, en palabras de este último, y destacaron lo que consideraron esfuerzo del PP y la Xunta por lograr el consenso.

«Se están convirtiendo en una fuerza casi prescindible para Galicia», dijo al PSOE Román Rodríguez, para quien la norma será recordada por Touriñán y Pescanova, ante lo que dijo que a los socialistas «los árboles no les dejan ver el bosque».

Al margen de este asunto, otro de los que generó controversia fue la posibilidad que abre la reforma legislativa de legalizar construcciones irregulares, especialmente polígonos industriales, a lo que se opuso desde el principio el BNG.

Sin embargo, PP y PSOE coincidieron en que se trata de hacer frente a una realidad y así Mar Barcón sostuvo que no se trata de una «amnistía» ni un «punto final», sino que se legalizarán los polígonos que no tengan abiertos expedientes, entre otras cautelas que introduce la ley, y de la que señaló que, pese a la abstención de su grupo, ha sido mejorada durante la tramitación parlamentaria.

Por su parte, Táboas, que también expresó el criterio de su grupo contrario a la construcción de piscifactorías en Red Natura, insistió en que el problema no se puede simplificar en Touriñán, puesto que la norma, que es «apresurada» y supone un regreso a la «barra libre» en el urbanismo, contiene más problemas.

Así, se refirió a la posibilidad de que la cesión del 10 por ciento del aprovechamiento del suelo que corresponde a los Ayuntamientos pueda ser vendido a través de un convenios urbanísticos, que están dando lugar en todo el territorio español a «episodios de corrupción urbanística», de la que en Galicia «tampoco somos ajenos».

A este respecto, Táboas lamentó el proyecto para legalizar a través de un convenio «millonario» en el ayuntamiento lucense de Barreiros, donde, «con cuartos públicos» se pretende viabilizar urbanizaciones supuestamente ilegales, ante lo que acusó al PP de hacer «tropelías», mientras se preguntó si este convenio acabará en los tribunales.

Poco antes de la votación de la norma se produjo una nueva polémica, al introducir el PP una enmienda de última hora, para lo que era precisa la unanimidad de los grupos, sugerida por los sindicatos agrarios para los usos del suelo agroganadero, y que finalmente no prosperó por la oposición de socialistas y nacionalistas.

A este respecto, Táboas consideró que esta enmienda simboliza la «chapuza» de esta norma, ante lo que el popular Román Rodríguez alegó que un partido no termina hasta el pitido final del árbitro.

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