La Xunta incumple el Plan Forestal de Galicia desde hace 18 años

La iniciativa buscaba romper el minifundio, rentabilizar el monte y conservarlo mejor para evitar los incendios


El monte gallego, lastrado por el minifundio de la propiedad y por un estado de abandono que dispara el riesgo de incendios, se ha convertido en el recurso más infrautilizado en esta autonomía. En 1992, por unanimidad de todos los grupos, el Parlamento dio luz verde al Plan Forestal de Galicia (PFG), cuya vigencia era para 40 años, y en el que se preveía una inversión anual equivalente al 3% del presupuesto autonómico. El objetivo era convertir el monte en uno de los pilares de la competitividad de Galicia y en un recurso estratégico para el desarrollo de las comarcas.

El monte que produce madera a mayor escala es rentable, fija población rural y tiene menor riesgo de incendios. Casi 20 años después de llegar a un consenso político básico para modernizar un sector clave para el futuro de Galicia el balance sobre el cumplimiento del plan arroja un saldo desalentador. Tanto la Administración Fraga como el bipartito se saltaron el Plan Forestal. Algo que vuelve hacer el Ejecutivo de Feijoo.

En ninguno de los 18 ejercicios desde que entró en vigor el plan se superó el 1,5% del presupuesto autonómico. Además de gastarse anualmente la mitad de lo que preveía el acuerdo, gran parte de la inversión pública no ha ido a romper el minifundio y mejorar la producción y rentabilidad del monte sino a luchar contra los incendios. Según los datos que maneja la industria forestal, las diferencias anuales entre las ejecuciones presupuestarias y las previsiones del PFG oscilan entre los 36 y los 52 millones de euros. Es decir, que el déficit de inversión productiva que se arrastra desde la entrada en vigor del plan supera los 600 millones de euros (más de cien mil millones de pesetas).

Si se excluyen las partidas correspondientes a prevención y extinción de incendios, el grado de ejecución real del PFG apenas llega anualmente al 43%. Una tendencia que vuelve a mantenerse en este 2010, agravada incluso por los problemas presupuestarios de la Administración autonómica, cuyas cuentas tienen ahora un plan de austeridad diseñado por Feijoo como consecuencia de la crisis

El resultado de este incumplimiento que dura 18 años es que, a día de hoy, Galicia tiene 700.000 hectáreas mal arboladas, de las que 350.000 podrían ser objeto de reforestación. Este estado de abandono no solo dispara el riesgo de los incendios y supone un problema medioambiental, sino que afectada a todo el mundo rural. Los propietarios del monte en Galicia -casi 700.000, de los que solo 100.000 cortan madera con regularidad- ven cómo tienen un recurso infrautilizado, lo que afecta a toda la cadena de valor: no se pueden incrementar las cortas en el futuro y la madera que se oferta en origen es cara por los costes altos de las explotaciones, lo que obliga a las industrias gallegas a traer de fuera -Uruguay y Brasil- una materia prima que podrían suministrarle los habitantes del medio rural gallego, azotado ahora por la despoblación y la crisis de rentabilidad de la actividad agroganadera. En todos estos años, la comunidad gallego tampoco ha dado con fórmulas exitosas que permitan incentivar la agrupación de pequeñas parcelas para lograr una explotación más rentable del monte.

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