Del protocolo y la empanada a la política del furgón


La iconografía es la misma, pero las maneras diferentes. En su primera gira sudamericana, Feijoo ha mantenido la prioridad que Fraga y Touriño dieron a los contactos con la emigración, pero con su estilo. El presidente ha llevado a ultramar la prioridad de recortar gastos, simbolizada por la decisión de prescindir de limusinas y desplazarse en monovolumen.

Esta política del furgón también procuró una llamativa reducción de la comitiva presidencial respecto a las de sus predecesores, con el secretario de Emigración, Santiago Camba, como fiel escudero. Camba, el único peón de Baltar al que Feijoo hizo un hueco en su Gobierno, no ha tenido que gestionar auditorios masivos, bien surtidos de raciones de empanada. Feijoo primó el contacto directo en actos más sencillos. Aunque no acreditó la capacidad de convocatoria de los anteriores presidentes, la sucesión de aforos reducidos, con algún pinchazo sonado, también parece en parte premeditada. Feijoo predica en un ámbito más modesto y con un perfil más cercano a la gente.

En el plano institucional, la relativa distancia a la que se ven las municipales del 2011 restó intensidad a la agenda. Aunque la campaña de los partidos en América nunca se detiene, como lo prueba el recorrido de Rafael Louzán por el Cono Sur, no se recuerda un viaje presidencial con menos fotografías con mandatarios de los países visitados. Feijoo tampoco lo tiene fácil. En Argentina, Cristina Kirchner, que ayer asistió a la cumbre de Mercosur a 100 metros del hotel en el que estaba Feijoo, no dará al actual presidente la cobertura que facilitó a Touriño. En Uruguay fue el momento político el que impidió las relaciones al máximo nivel, ya que el Gobierno de Mujica todavía está por constituir. En su mandato, Touriño se retrató, entre otros, con Kirchner, Tabaré Vázquez y Lula da Silva. Feijoo vuelve con el álbum sin estrenar de un periplo que sí fue pródigo en medallas, con cinco distinciones honoríficas.

¿Y la emigración? Sus problemas siguen siendo los mismos, con las dificultades para atender a un colectivo cada vez más envejecido y con mayores necesidades sanitarias, lo que llevará a privatizar la gestión de los centros. Muy pendiente de las cajas en todo el viaje, Feijoo al menos encontró al otro lado del Atlántico un modelo para resolver el otro gran asunto pendiente. Con su elogio de la educación trilingüe, dejó una pista de sus intenciones en el próximo decreto del gallego.

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