El niño ahogado en Mera llevaba el gancho atado con un nudo corredizo

El pequeño buceaba junto a su padre y otros dos adultos cuando se quedó atrapado en una roca


Emilio Valín, el niño de 12 años que murió la tarde del martes al sufrir un accidente mientras practicaba pesca submarina en las proximidades de la costa coruñesa de Mera, «tenía el gancho de capturar pulpos atado con un nudo corredizo en la muñeca, y esta cubierta a su vez con un guante de neopreno», señalaron fuentes próximas a la investigación. «Al engancharse el raño en una piedra, el niño seguro que tiró de él, pero el nudo hizo que el lazo se apretase más a su mano», subrayaron.

También indicaron que el niño pudo estar debajo del agua un máximo de diez minutos, ya que una vez rescatado y con las prácticas de reanimación «por momentos parecía que se iba a recuperar». De hecho, cuando la embarcación de la Guardia Civil del Mar llegó al muelle de Oza con el pequeño, nueve minutos después de ser rescatado, y los facultativos del 061 le inyectaron la medicación oportuna y continuaron con las practicas de reanimación, «surgió la esperanza de que se iba a salvar», señalaron estas mismas fuentes.

Contaron que el primero en arrojarse al agua en busca del muchacho fue un tripulante de la embarcación Indalo . Y lo encontró casi al instante, a menos de cuatro metros de profundidad tras divisar las aletas azules del niño, que aún las tenía calzadas. Intentó sacarlo, pero estaba enganchado. Este hombre volvió a la superficie, tomó aire y se sumergió de nuevo. Le arrancó el guante, le aflojó el nudo del gancho de los pulpos y lo subió a una embarcación, según las mismas fuentes.

En tres minutos llegó al costado de la embarcación Indalo una lancha de la Guardia Civil, alertada por el Centro Local de Salvamento Marítimo de A Coruña. Los agentes saltaron al barco y ya iniciaron las operaciones de recuperación cardiopulmonar. Y casi al mismo tiempo llegó a bordo de la lancha deportiva Lupe Cinco un médico que se encontraba en otra embarcación. Las prácticas de recuperación ya corrieron a cargo de este facultativo, que continuó con ellas durante el trayecto hasta el muelle de Oza.

La madre lo echó en falta

Emilio Valín Sánchez buceaba sobre las seis menos cuarto de la tarde con su padre en las inmediaciones de la playa de Espiñeiro, en la localidad oleirense de Mera. En la zona había otros dos submarinistas. A bordo de la embarcación del padre del pequeño estaban su madre, María Milagros, su hermano Jorge y otro menor amigo de la familia. La madre miró al mar y solo vio nadando a tres de los cuatro submarinistas, «y el que faltaba era el que llevaba las aletas azules», es decir, su hijo, cuentan fuentes próximas a la investigación.

Fue entonces cuando empezó a llamarlo. Sus gritos fueron escuchados por los tripulantes de las embarcaciones que se encontraban fondeadas en la zona, sobre todo por los del Indalo y los del Lupe Cinco . Inmediatamente alertaron por VHF a Salvamento Marítimo, que estableció el operativo de rescate movilizando a la lancha GCM 10 de la Guardia Civil, que se encontraba en la zona.

Mientras, el patrón del Lupe Cinco , Manuel Seijo, acercó a un médico a la embarcación a la que habían subido al muchacho. También fue Seijo quien se encargó de tranquilizar a la madre del niño, a su hijo pequeño y al joven amigo de la familia. A continuación los trasladó hasta la dársena de Oza, donde los facultativos estaban tratando de recuperar a Emilio Valín. María Milagros tuvo que ser sedada tras sufrir un ataque de ansiedad.

La comitiva con los restos del del niño saldrá hoy a las 11.30 horas del tanatorio Servisa hacia el cementerio de San Amaro. A las 20.30 se celebrará un funeral en la iglesia de San Pablo.

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