Un matrimonio «leal» en una ciudad abierta en canal


Una nutrida biografía política ha convertido a Abel Caballero en un fajador que se maneja con temple cuando la tempestad arrecia. Si antes del 1 de marzo resultaba complicado escucharle censuras a su compañero de gobierno, el nacionalista Santiago Domínguez, el fracaso del bipartito en la Xunta ha convertido al alcalde de Vigo en una roca. Cuando se trata de hacer exhibición pública del matrimonio que hace dos años suscribió con el BNG, Caballero es contundente: «Somos leales». Otra cosa es lo que sucede en los despachos, en donde muchas veces rechina un modelo de gobierno prácticamente mimético del que construyeron en la Xunta Touriño y Quintana.

Apenas dos mil votos separaron hace dos años a la popular Corina Porro de la mayoría absoluta que la habría retenido en el despacho de la plaza de O Rei durante cuatro años más. Pero las matemáticas políticas impidieron a la alcaldesa rentabilizar un resultado que permitió a PSOE y BNG suscribir un acuerdo en el que muchas veces el alcalde se maneja como si gobernara en solitario, impasible ante la lluvia fina con la que Santiago Domínguez ha tratado de hacer valer su gestión.

El cambio de ciclo en la Xunta pilla a Vigo abierto en canal. Caballero ha decidido invertir todos los fondos del denominado plan ZP en «humanizar» la ciudad a través de un masivo programa de ampliación de aceras y plantación de árboles que, a día de hoy, le dan a la urbe un estilo Beirut que quedará corregido pocos meses antes de las municipales. Esta estrategia y una repentina comprensión de las decisiones judiciales que han colocado la piqueta sobre algunos de las promociones urbanísticas más aparatosas de los últimos años parecen ser las bazas con las que Caballero cuenta para seguir siendo alcalde más allá del 2011.

Por concretar, algunas de las iniciativas más golosas. El bipartito abandonó la Xunta sin licitar el que será el hospital público más grande de Europa; las tuneladoras apenas llevan unos días excavando el túnel de As Maceiras que permitirá entrar el AVE en Vigo; la biblioteca del Estado sigue estando solo en los papeles y la reforma del entorno de la plaza del Concello, en la mente de Moneo. Contratiempos que no hacen mella en el optimismo de Caballero.

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