El «pueblín grande» que renace

Como consecuencia de la crisis del sector industrial la ciudad se vio obligada a reinventarse a sí misma, poniendo en valor su destacado casco antiguo


«Los de aquí, de verlo a diario, quizás no lo valoramos tanto. Pero está precioso». Un hombre de mediana edad hace un alto en su footing diario en el parque de Ferrera: 80.000 metros cuadrados en pleno centro de Avilés. Habla del casco antiguo, un lujo recuperado, el ejemplo de que la utopía es posible.

Avilés ha sido un icono de la vorágine de la industrialización. En los años cincuenta la instalación de plantas productivas a ambas márgenes de la ría lo hizo crecer y convertirse en una trampa para la salud. La siderurgia provocó una brecha con la ciudad. El casco antiguo se abandonó, monumentos, calles, pórticos, iglesias y palacios renacentistas fueron engullidos hasta pasar desapercibidos y la ría que vertebra la ciudad se convirtió en una cloaca. En 1981 era la ciudad más contaminada de España.

Avilés aún arrastra este sambenito, porque sigue siendo una gran desconocida. Pero mucho ha cambiado y ya no extraña ver a turistas fotografiando su casco antiguo -conjunto histórico artístico monumental-, donde nada hay que remita al tópico de ciudad gris e industrial.

Avilés volvió la vista al pasado y desde el Ayuntamiento se impulsó un giro, peatonalizando la zona antigua e impulsando la restauración de fachadas, la recuperación de inmuebles e incentivando la construcción de solares vacíos. En un decenio se ha logrado la transformación.

Dos jubilados hablan de la metamorfosis de Avilés. Sus calles preferidas son La Galiana, una de las más antiguas de la villa, con sus 212 metros de soportales, y La Ferrería, la más antigua. Descendiendo por la primera, donde varias viviendas están siendo recuperadas, se aboca en San Francisco, con su alineación de magníficos edificios señoriales con espectaculares galerías. Enfrente está el palacio de Ferrera, actualmente hotel. Más abajo la plaza de España, con el ayuntamiento (siglo XVI), donde confluyen las calles la Cámara y Rivero, bulliciosas y transitadas, repletas de comercios. Todo es peatonal.

El sector turístico está en alza y la transformación de la ciudad no tiene marcha atrás. En la ría se ha comenzado a construir el centro cultural Óscar Niemeyer, un complejo de cuatro edificios que forma parte de un proyecto mucho más ambicioso, la Isla de la Innovación, una suerte de Gaiás que ocupará casi 600.000 metros cuadrados y que aspira a tener en Avilés el mismo efecto que el Guggenheim en Bilbao.

Al salir por la autovía que bordea la ciudad se ve el complejo industrial, el cascarón que oculta la belleza de su interior. Paladeo la definición que me dio un hostelero: «Esto es como un pueblín grande».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos

El «pueblín grande» que renace