Una delegación de la FAO visitará Galicia para estudiar el banco de tierras


El banco de tierras de Galicia (Bantegal) podría compensar el histórico desfase de la comunidad respecto a los estados europeos en materia de ordenación del territorio. Una delegación de la FAO viajará a Santiago el próximo febrero para estudiar este instrumento de gestión de tierras que en su primer año de funcionamiento ha movilizado 7.000 parcelas que se encontraban en estado de abandono y ahora podrán ser arrendadas para usos agrarios.

El Bantegal tiene su origen en la necesidad de dotar a las explotaciones agrarias de herramientas que les permitan ampliar su superficie mediante la fórmula del arrendamiento, dadas las reservas de los propietarios gallegos a vender sus fincas. La Administración ejerce la intermediación entre el dueño de la parcela, al que se le garantiza la devolución de su patrimonio íntegro y el cobro de la renta, y el arrendatario, ahogado por su incapacidad para redimensionar la explotación y sin que la concentración parcelaria pueda resolverla. Medio Rural acompañó la puesta en marcha del banco de tierras de la declaración de cinco comarcas (A Terra Chá, A Limia, Deza, O Rosal y Ordes) como zonas de especial interés agrario, a las que seguirán el resto de las áreas hasta completar el mapa a finales del año próximo. En ese momento, la Administración sancionará a todos los propietarios que mantengan sus parcelas en estado de abandono. La experiencia gallega suscitó interés en diferentes departamentos de agricultura de la Unión Europea, a pesar de la honda tradición de muchos de ellos en la gestión de tierras y el desarrollo rural. En este sentido, Rafael Crecente Maseda, doctor en Ingeniería Agrónoma y profesor de la Universidade de Santiago, llama la atención sobre la necesidad de superar el modelo rígido de concentración parcelaria gallego, desarrollado exclusivamente bajo criterios agrarios, cuando en países como Francia, Bélgica o Alemania se llevan adelante concentraciones para fines urbanísticos, industriales o estrictamente medioambientales, o de conservación de la naturaleza.

Planeamientos municipales

El segundo toque corrector reside en la obligada cooperación entre Administraciones, particularmente en la que afecta a los planeamientos urbanísticos municipales, de enorme trascendencia en la ordenación del territorio. Echando un vistazo al marco europeo, el desfase de las medidas arbitradas por la Administración es secular.

Según un estudio de Crecente y Carlos José Álvarez sobre la concentración parcelaria en Europa, el primer antecedente histórico de este tipo de intervención se situaría en 1343 en la zona del monasterio de Oberalteich, en la Baviera alemana. No en vano, este estado continúa ocupando el primer puesto entre las regiones europeas en políticas de ordenación del territorio.

En sus conclusiones, los autores señalan que los propietarios suelen participar en la financiación de la actuación, y que la disponibilidad de datos en la Administración para realizar estudios previos es posible gracias a la existencia de catastros rústicos fiables y actualizados (Holanda y Alemania). Sobre la coordinación de las parcelarias con la política urbanística, recogen las cláusulas específicas del caso alemán, o en Francia, figuras que incorporan los planes de concentración en los usos del suelo permitidos.

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