Las telarañas crecen desde hace años en el observatorio astronómico de Ribadeo


En lo alto del monte de Santa Cruz luce el observatorio astronómico de Ribadeo como uno de los mejores ejemplos de cómo desaprovechar las inversiones públicas. El abandono es absoluto. La Casa da Ría que lo alberga fue inaugurada en el 2001, tras una inversión de 55 millones de pesetas. A causa de las nubes que mermaban la visibilidad, la primera observación astronómica se demoró varios días. Fue el preludio del tortuoso camino que seguirían las instalaciones. Desde hace años, el observatorio no se usa. El Concello lo ignora y la asociación cultural Xerfa, la única que lo rentabilizaba y a quien pertenece el telescopio instalado en la cúpula, no tiene llaves.

Parece una broma, pero no lo es. Y es que mucho en la historia de este observatorio adquiere tintes de comedia. Una avería hizo que durante muchos meses quedase con la cúpula abierta. Como llovía dentro y nadie hacía algo por evitarlo, Xerfa decidió retirar el telescopio. Tras las críticas surgidas, el Ayuntamiento (PSOE-BNG) ordenó cerrar la bóveda. Sin abrirla de nuevo estuvo unos tres años. Cuando fue reparada, Xerfa volvió a instalar el telescopio, hasta que el Concello, al ejecutar unos arreglos, cambió las llaves de las puertas. Y así están las obras.

El secretario de Xerfa, Antonio Gregorio, apunta que hace más de tres años que no se usa el telescopio, con la excepción de una actividad de iniciación a la astronomía en la primavera del 2007.

El pasado mes de febrero, el concejal delegado de Medio Ambiente de Ribadeo, Horacio Cupeiro, anunciaba que el Concello tenía intención de abrir la Casa da Ría y el observatorio. El problema radicaba en la falta de personal cualificado. La Dirección Xeral de Recursos Naturais se había comprometido a ayudar y en caso de que no lo hiciese, según Cupeiro, el Ayuntamiento lo afrontaría con sus medios.

Pérdida de entusiasmo

Pero, a la vista está, las prioridades son otras. Ayer Cupeiro lo reconocía y, a modo de disculpa, añadía: «Ningún veciño se me queixou de que estivera pechado, e se dende Xerfa nos piden as chaves non temos ningún problema en dárllelas». El abandono ha desembocado en una pérdida de entusiasmo del que no se ha librado Xerfa. ¿Y la Casa da Ría en general?: «Chove dentro, e mentres non se amañe non vou meter xente dentro», concluyó Cupeiro.

Lejos queda el 6 de junio del 2001, cuando pasada la medianoche una veintena de aficionados estrenaban la cúpula giratoria admirando durante dos horas los cráteres y el Mar de la Tranquilidad de la Luna. Muchas eran entonces las expectativas depositadas sobre la Casa de Ría -que cuenta con sala de exposiciones, despachos, salón de proyecciones y el observatorio-, tantas como las decepciones que han seguido. En secreto, el gobierno local critica que se abriese la Casa da Ría sin prever el mantenimiento. Porque lo que era un lujo, ahora es un problema.

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