La población gallega por encima de 65 años se duplicó en tres decenios


Por cada niño gallego menor de cuatro años hay hoy seis ciudadanos por encima de los 65. En Galicia, país envejecido, casi un 21,6% de todo su censo lo ocupan vecinos en edad de jubilación, lo que la convierte en una de las zonas europeas con mayor índice de dependencia y con mayor porcentaje de población mayor, como ya puso de manifiesto un informe de la oficina comunitaria Eurostat. Junto a Galicia, comparten ese mismo denominador -el envejecimiento- comunidades vecinas como Asturias o Castilla y León, pero también Aragón y alguna otra en el norte de Italia o el interior de Alemania.

Precisamente este fin de semana, el presidente Touriño, junto a su homólogo asturiano Vicente Álvarez Areces, proponía que la negociación sobre la reforma de la financiación autonómica tenga en cuenta criterios como la dispersión geográfica o el porcentaje de población en edad de jubilarse, con las consecuencias sociales, económicas y sanitarias que ello conlleva.

¿Hay motivos para esa reclamación? Sí, tirando de ese mismo informe de Eurostat y de los últimos documentos del Instituto Galego de Estatística. El primero revela que, salvo cambio de tendencia en los próximos años, en el 2031 Galicia tendrá un jubilado por cada dos trabajadores. Analizando el segundo informe se revela que en poco más de 30 años, los que van desde 1975 hasta el 2007, la población por encima de los 65 años ha pasado de ser un 12% del total a superar ese 21%.

En números totales se explica así: justo cuando se recuperó la democracia había 340.000 gallegos por encima de esa franja de edad; en la actualidad ya se rondan los 599.000 inscritos. La cifra, además, podría ser mayor si no se produjera un fenómeno demográfico: el bajón que hay en el sector de población que va de los 65 y 69 años porque son aquellos que nacieron en la Guerra Civil, menos de lo esperado precisamente por los estragos de la contienda.

El envejecimiento medio de la población gallega se explica por varios factores. El primero, por el incremento de la esperanza de vida, que en un decenio se ha incrementado en 1,9 años para los hombres y en 1,7 para las mujeres. Por término medio, los gallegos viven 80,4 años, algo por encima de la media española. En 1980 esa misma esperanza apenas era de 75 años.

A lo anterior hay que sumar la pérdida de población joven, emigrada para buscar alternativas de trabajo en otras comunidades. Y, en tercer lugar, la escasa aportación que la inmigración tiene sobre la población gallega. No llega al 3% del total de la población, siete puntos por debajo de la media española.

Sin embargo, es precisamente este fenómeno, el de la llegada de población extranjera, el que ha permitido que el peso de la población envejecida se haya ralentizado. Hasta el año 2002 -fecha marcada como la de la primera gran oleada de población foránea, principalmente llegada de América- el incremento era de casi medio punto anual sobre el total de gallegos. A partir de entonces, ese porcentaje se ha estabilizado en torno a ese 21% del total.

La población extranjera se concentra en los tramos de edad de entre 20 y 35 años (un 40% del total) y, a la vez, han logrado un repunte de la natalidad, con 5.800 nuevos gallegos desde el 2001 con madre foránea.

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