Quintana supera el examen de la élite empresarial en el Ritz

El líder del BNG sorprendió por la seguridad, el pragmatismo y la moderación mostradas en su última intervención en Madrid


Había expectación por escuchar a Anxo Quintana en la capital. El e sprint final del BNG en el Congreso, donde fue decisivo para sostener al Gobierno en el final de legislatura, y sus minutos de gloria tras reunirse con Rodríguez Zapatero en la Moncloa lo han puesto en el mapa político de todo Madrid. En principio, no actuaba precisamente en casa. En el hotel Ritz, templo del lujo capitalino, en un foro económico y ante la élite empresarial. No es que cortara dos orejas, que tampoco se trataba de eso, pero dejó buena impresión.

El líder del BNG estuvo sorprendentemente cómodo. Sabe que lo que lo que toca ahora es la economía y a ello se puso, hablando poco de naciones, de estatutos, de deudas históricas y mucho de empleo, de I+D y de ratios económicas. Y, de paso, dio con lo que puede ser un filón. Ni el «catastrofismo económico» de Rajoy ni el «aquí no pasa nada» de Zapatero, sino soluciones imaginativas al nuevo ciclo económico bajista. A más de uno al menos la música le sonó bien.

Pero por encima de todo estuvo moderado, sin dejar de ser claro. A algún despistado que creía estar ante el Carod Rovira gallego le sorprendió escuchar con nitidez que «el BNG no es independentista ni busca la independencia de Galicia». Y a otros que le creían anclado en las barricadas les extrañó escucharle pedir con toda naturalidad el máximo apoyo institucional a los grandes empresarios que triunfan en Galicia, en España y en el extranjero.

Estuvo hábil también en eludir el victimismo, donde algunos lo esperaban, y ello incluyó no quejarse de los últimos ataques de los socialistas gallegos a su Lei de Servizos Sociais. De «leyenda urbana» llegó a calificar las desavenencias en el bipartito, y eso que en el Ritz había que escarbar para encontrar a alguien con carné del PSOE.

La guinda al bautismo de fuego de Anxo Quintana en los salones capitalinos la puso Manuel Fraga, que no solo estuvo, sino que se hizo notar. Salvando las distancias, el gesto de Fraga recordó a su legendaria presentación de Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI. Se dijo que entonces lo hizo para que el PCE le quitara votos al PSOE. No hay que ser una lumbrera para entender a quién quiere Fraga que le quite los votos Quintana.

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