«Nuestra referencia debe ser la biblioteca del Alcázar de Toledo», propuso el ex responsable de Cultura


La ciudad era Nueva York y las localizaciones elegidas fueron el estudio profesional de Peter Eisenman, el hotel Waldorf Astoria y el Spanish Institute. Corría el mes de abril del 2001, cuando el entonces conselleiro de Cultura, Jesús Pérez Varela, viajó con Fraga a la Gran Manzana para mantener varias reuniones con el arquitecto del Gaiás y exponerle su idea de erigir en Santiago una biblioteca a imagen y semejanza de la del Alcázar de Toledo. La consultora Idom levantó acta de los encuentros en los que se redefinía la Ciudad de la Cultura y da la impresión de que la frialdad del documento no es un estorbo para adivinar el tono y el empacho que se utilizó en algunas de las conversaciones.

Elección del modelo

Los diálogos transcritos por Idom detallan que Pérez Varela quería una biblioteca que destacara sobre todo por su tamaño y fastuosidad, más que por su contenido. «Pensar en solo 25.000 libros expuestos al público -le dijo el ex conselleiro al arquitecto, según consta en las actas- no coincide en absoluto con la idea original de lograr una biblioteca espectacular». El responsable de Cultura insistió en quejarse en la primera reunión de trabajo, pues a su juicio el proyecto «no recoge el concepto de biblioteca» deseado por Fraga, ya que en el mismo «se pierde la idea de una sala en la que se transmita la expresión de la cultura escrita gallega». Y en consecuencia, exigía «que la sala tenga libros en las paredes y que estén a la vista, no como la [biblioteca] que se presenta, en la que todos los libros están recogidos en depósitos».

Como el Alcázar de Toledo

Para dejar claro el concepto, Pérez Varela acudió a ejemplos en su conversación: «Nuestras referencias deben ser la biblioteca del Senado o la del Alcázar de Toledo», dijo, según consta en las actas. A su vez, Eisenman parecía comprender lo que le pedían, pues decía conocer «perfectamente» el tipo de «bibliotecas del siglo XIX como las de Oxford o Cambridge, que son las que el conselleiro tiene como prototipo», y se comprometía a plasmarlas con las formas arquitectónicas del siglo XXI.

Veto al estudiante

Los diálogos de Nueva York también dejan entrever que la biblioteca del Gaiás estaría cerrada al estudiante. «Esta no es la biblioteca de la ciudad de Santiago», dijo el ex conselleiro, sino un centro «para estudiosos, no para estudiantes, que para eso ya existen las bibliotecas de las facultades». Pero a la vez, dejaba constancia de su intención de trasladar al Gaiás los fondos bibliográficos de la Universidade de Santiago con el fin de hacer un centro todavía más colosal, repleto de «numerosos incunables, ediciones príncipe o primeras ediciones».

La hemeroteca, «secundaria»

El ex conselleiro dejó constancia de que, en su opinión, «Galicia no tiene una tradición suficiente para conformar una gran hemeroteca», y por eso llegó a proponerle a Peter Eisenman en Nueva York la conveniencia de fusionarla con la biblioteca para que esta fuera más espectacular. «La hemeroteca es secundaria -insistió al día siguiente-, puede estar en [discos] compactos, pero para la biblioteca se debe buscar su espectacularidad».

Una ópera cómoda

El palacio de la ópera es otro de los edificios que Pérez Varela intentó redefinir en sus charlas con Eisenman, en las que le trasladó su preocupación por el hecho de que la entrada al edificio fuese «comprimida», lo que provocaría «cuellos de botella». El arquitecto insistió en remarcar la «amplitud del hall», pero aun así el ex conselleiro subrayaba que «lo importante es que la entrada sea cómoda para poder observar estos espacios tan espectaculares».

Cesión al Arzobispado

Otro aspecto desconocido que Pérez Varela sugirió en Nueva York fue destinar las torres Hejduk al Arzobispado de Santiago, para que el Gaiás tuviera «alguna relación con el papel de la Iglesia» como también lo tiene la capital gallega.

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