«La contaminación de As Pontes les llega antes a los ingleses»

La villa que cobija uno de los focos de mayor polución de Europa espera que el lago traiga más empleo y se muestra despreocupada ante los efectos locales de la central térmica


as pontes

Aunque pudiera parecer lo contrario, residir en uno de los puntos de mayor emisión de gases contaminantes de toda Europa no es algo que imprima un carácter especial. No al menos a primera vista. Los vecinos de As Pontes están más que acostumbrados al impacto visual de las enormes chimeneas de la central térmica, a sus humos y, sobre todo, a su dependencia económica de Endesa. En unos meses, el yacimiento minero que ha servido de sustento a la villa habrá pasado a la historia y comenzará a entrar en el olvido bajo las aguas del Eume.«En el pueblo todo el mundo conoce el proyecto y están esperando que el lago sea una realidad», dice el director de la mina, Francisco Aréchaga, y, efectuado un sondeo de urgencia, hay que darle parte de razón. Lo raro es encontrar un vecino que ignore el hecho de que, en cuatro años, la villa estará asentada a las orillas del mayor lago de Galicia. Otra cosa es que la gente lo celebre de forma unánime.Javier de Diego, un joven que ( rara avis en la villa) no tiene que ver nada con Endesa, conoce el asunto a fondo: «Hasta he visto un DVD sobre cómo se va a formar el lago». Sus opiniones resumen la de muchos de sus vecinos en varios aspectos: bienvenida a la posibilidad de nuevos empleos (en este caso relativos a la posible explotación turística futura del lago); asunción de que la enorme masa de agua hará todavía un poco más húmedo el microclima de la villa y una cierta despreocupación por los efectos contaminantes de la térmica: «A nosotros no nos toca -explica risueño-. La contaminación de As Pontes les llega antes a los ingleses». La célebre leyenda urbana es moneda común en el pueblo, aunque no existen pruebas de que semejante fenómeno haya ocurrido realmente. Pero supone un buen consuelo si se vive bajo el influjo de la central. Claro que las evidencias no se pueden ocultar: «En días como el de hoy [bajas presiones] creo que parte de la contaminación se queda aquí. Se nota en las ventanas, que quedan sucias con un polvo amarillento», explica una mujer. «Es por el azufre», apunta su marido, jubilado de Endesa, aunque su aportación no tranquiliza a la esposa.La calidad del agua¿Y el lago, será tan bonito como parece en las recreaciones? Todo el mundo no lo tiene tan claro. Sin llegar a la inquietud de la Sociedade Galega de Historia Natural, que teme que el lago pueda convertirse en un depósito de aguas muertas y contaminantes, algunos vecinos muestran sus reservas sobre la calidad final de las aguas, como un jubilado con vocación rebelde: «Confianza completa no tengo y será difícil que el agua quede limpia». Cerca de allí, un grupo de adolescentes asienten cuando se les pregunta por el lago. Ellos sí confían. La mayoría saben del proyecto porque en el colegio organizaban visitas a la mina. El alcalde, Víctor Guerreiro, tiene la clave: «Este é un pobo cunha tradición industrial de hai moitos anos e aquí, o que se mira é o posto de traballo». Guerreiro, del BNG, está convencido de que la inundación de la mina es la mejor solución y constata que la opa sobre Endesa le provocó más incertidumbre que el proyecto del lago.

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