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La zona de Arousa se siente indefensa ante la posibilidad de otro frente de fuertes lluvias

MeteoGalicia midió el lunes precipitaciones de 30 litros en una hora y 126 en todo el día.El desvío de las borrascas hacia el sur y la calidez del agua aportan humedad extra a los frentes.


redacción

Las trombas de agua que están cayendo en Galicia tienen su origen en anomalías meteorológicas a escala planetaria, que en la comunidad se están manifestando en la excéntrica posición de las borrascas, más al sur de lo habitual, y en la temperatura del agua del mar, tres grados por encima de la media de noviembre en las Rías Baixas. Una y otra circunstancia están fortaleciendo la actividad de los frentes lluviosos que llegan al territorio, ya de por sí intensa.Los científicos de MeteoGalicia explicaron ayer la presencia de estos dos «factores sospechosos» y su efecto multiplicador sobre las precipitaciones, después de conocer las cantidades recogidas el lunes en la provincia de Pontevedra. En ocho horas, entre las 14.00 y las 22.00, cayeron en Vilanova 91 litros por metro cuadrado, 106 en Caldas y 104 en Ons. En esta isla se registraron varios períodos de una hora en los que se acumularon más de 30 litros (valor umbral para decretar la alerta por «adverso meteorológico») y también muy cerca del límite quedaron Pontevedra y las islas Cíes, con 28 y 27 litros, respectivamente. Cantidades muy altas en intervalos de tiempo breves, pero con precedentes similares o superiores en los últimos treinta años. Ni Caldas de Reis superó esta vez los 152 litros diarios registrados en diciembre de 1981, ni Pontevedra los 105 de septiembre del 86. Son la repetición de estas trombas y la rareza de los fenómenos que las favorecen lo que llama la atención de los meteorólogos, por cuanto manifiestan anomalías en los patrones del tiempo en Galicia. Una de ellas tiene que ver con el flujo natural de las borrascas que afectan a la comunidad, entre Terranova e Irlanda, y que este otoño se desvió en repetidas ocasiones hacia el Atlántico sur, nutriéndose de masas de aire subtropicales más cálidas, capaces de almacenar más humedad y, por tanto, más lluviosas. Este cambio de rumbo obedece a variaciones de la circulación general de la atmósfera, de la que Galicia sólo es testigo. El segundo agravante, mucho más local, reside en la elevada temperatura del mar -18 grados en las Rías Baixas, cuando deberían ser 15-, que dispara la evaporación y envía a la atmósfera otro aporte adicional de humedad. Este exceso térmico estaría relacionado con la persistencia de los vientos del sur y la ausencia todavía de episodios fríos este otoño. Ambas condiciones, de ninguna manera atribuibles al cambio climático, o al menos por el momento, son determinantes no sólo para entender el carácter explosivo de las últimas lluvias, sino para anticiparse a futuras trombas en prevención de nuevas inundaciones.

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