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TRÁFICO Y VIDA | O |


AL CABO de los dos primeros éxodos automovilísticos vacacionales del año -más bien cortos- un largo centenar y medio de personas han dejado su vida en las carreteras españolas, en gran medida en el seno de las consiguientes operaciones especiales.¿Acaso no habrá otras estrategias diferentes para planificar estos períodos de descanso, alterando siquiera los días iniciales y finales de cada ciclo, imponiendo una mayor selección de itinerarios de salida-retorno desde grandes centros urbanos, seleccionado horarios? Tenemos en cuenta que se acercan los meses de verano, cuando las tendencias de la siniestralidad ascienden, al compás del crecimiento de intensidades de tráfico. ¿No cabría contar quincenas y meses al margen de los días 1 y 15, 30 y 31, en el cómputo de las vacaciones reglamentadas? Uno no sabe si está en la utopía, pero quizá son precisos remedios que lleguen por la vía de la audacia y de la imaginación. Sabemos que es de nuestra condición tropezar una y otra vez en los mismos obstáculos. Sirve, desde luego, plantearse los viajes en las mejores condiciones, desde el propio cuidado al del vehículo, desde el propósito de atender a las normas de circulación, pero no parece bastar. No basta porque a la postre la «seguridad vial» está más allá de nuestras manos. Y todos estamos sujetos al error, a la acción equivocada, a la omisión culpable. Por lo demás, la educación vial es buen estandarte, pero tantos años de programas junto a estos resultados piden medidas con resultados a plazos inmediatos, a costa de la radicalidad. No salimos de la necesidad de sistemas de vigilancia globales, intensos y del rigor contra los desafueros.

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