¿Fiesta en Jerez?


NO DEJA de resultar paradójico que en tanto se lamentan justamente los accidentes de tráfico, una fiesta de amplio eco y plena de bendiciones , celebrada en Jerez de la Frontera y subtitulada fiesta internacional de la motocicleta en España, termine contabilizando en su desarrollo hasta siete personas muertas en el contexto del propio acontecimiento.Fácil sería condenar los afanes por la velocidad excesiva como posible causa de buena parte de esos episodios, pero no se trata de eso, como tampoco se trata de recurrir al singular riesgo que genera el mal uso de las motocicletas. A ese orden de concentraciones de los llamados moteros seguramente acuden excelentes conductores, aficionados y apasionados en relación con esa clase de vehículos. No dudamos ni de su buen ánimo ni de la licitud de su entusiasmo, pero no puede entenderse que en un marco inicialmente grato, deportivo y amable, quede hueco para la muerte violenta de unos cuantos. ¿Acaso estas modalidades de tragedia -siete vidas humanas- son también parte del precio que ha de pagarse a la progresión del tráfico? ¿No podían haberse evitado con unas cuantas cautelas? Aquel aluvión de vehículos con destino a Jerez de la Frontera habría forzado específicos dispositivos de vigilancia. Sin embargo, notorios excesos, algunas exhibiciones innecesarias, afanes de protagonismo, infracciones de diferente tono de gravedad, etcétera, no se advirtieron o se dejaron pasar. Tal vez las complacencias y tolerancias en un marco festivo-deportivo deberían ceder lugar al ejercicio férreo de la autoridad ante los primeros desmanes. La fiesta en cuestión, por unas y otras razones, se ha cerrado trágicamente. Sabemos que la seguridad vial es cuestión de todos, pero si no se entiende así en el momento ad hoc el tráfico resulta ingobernable.

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