No fue un sueño

Sara Ares CORRESPONSAL | NOIA

GALICIA

Elsayed Sadek Hassan El viejo continente representa para él la personificación del ideal soñado. En Galicia encontró la llave que le abrió la puerta hacia una vida de felicidad

02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

En 1986, el desaparecido Terenci Moix, egiptólogo apasionado, conquista el Premio Planeta con su novela de amor No digas que fue un sueño . Dos años más tarde, el escritor barcelonés firma El sueño de Alejandría , milenaria ciudad que cobra, a través de sus páginas y para su protagonista, visos de idílica. Coincidiendo con esa publicación, en 1988, el egipcio Elsayed Sadek Hassan aterriza en el viejo continente, su prototipo imaginario de tierra prometida. Europa: todo un símbolo, para él y los suyos, de libertad y prosperidad. Con un visado de turista en su bolsillo, con vigencia para diez días, Elsayed recala en Madrid. Pero de su mapa para moverse por la ciudad se han borrado intencionadamente los museos del Prado y Reina Sofía. En las paradas que, en cambio, se mantienen intactas, los indicadores rezan leyendas del estilo «Se necesita personal». Su fugaz estancia de apenas una semana en la capital de España tiene una lectura tan clara que en nada se asemeja a un jeroglífico. Un compatriota suyo le da el que aprecia como uno de los mejores consejos que le han regalado en su vida. Le recomienda, para pasar desapercibido, que abandone Madrid y se traslade a Galicia. «Allí son menos los ojos que miran desde un uniforme de policía, y mayores las posibilidades de granjearse un hueco en el mercado laboral». Con estas palabras resonando en su cabeza, Elsayed Sadek Hassan pone rumbo a Santiago de Compostela. Allí sobrevive, al frente de un puesto ambulante de venta de papiros y fotos del desierto de las pirámides, a pesar de lo difícil que le resulta derribar la barrera idiomática del castellano y del gallego (él domina el árabe y el inglés). Tres años y ocho meses después, obtiene el permiso de residencia. En 1994, Elsayed regresa a Egipto. Contrae matrimonio con Sahar Elshat Elsayed, y al año siguiente se instala, junto a ella y su primogénita Manal, en la localidad coruñesa de Noia. Desde entonces se gana la vida vendiendo prendas de ropa en los mercadillos de Porto do Son, Muros, Esteiro, Noia, A Pobra y Bertamiráns. En ese tiempo, la cuna del literato Avilés de Taramancos ha sido testigo del nacimiento de las pequeñas Omneia y Aya y del benjamín, Ahmed. Para describir su estado de ánimo y el de su familia, Elsayed sólo encuentra epítetos que esconden felicidad. Los ingresos que genera les permiten, según afirma, vivir mejor que en Egipto. Aunque eso sí, no le importaría que el Gobierno español aligerara de cargas fiscales a los autónomos. Con su bonhomía se ha hecho con una cartera más o menos fija de clientes, y a estas alturas ya se ha habituado a que cuando menta su procedencia, le lluevan preguntas sobre el Nilo y las pirámides.