Buenos Aires, del todo a la nada

Agustín Bottinelli CORRESPONSAL EN BUENOS AIRES

GALICIA

ROBERTO CANDIA

La ciudad más cara de Sudamérica hace dos años es hoy la segunda más barata del mundo, después de la paupérrima Bombay y a un abismo de Oslo, la más cara

30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Un dólar, un peso», fue como un dogma de la década de los 90, cuando Carlos Ménem era presidente y los argentinos sentían hasta un orgullo masoquista por esa ficticia paridad cambiaria. «Sí señor, un peso argentino equivale a un dólar norteamericano, son lo mismo», pero no eran lo mismo, cuando uno atravesaba la frontera con un billete impreso por el Banco Central argentino y quería pagar un café o darle la propina a un camarero, miraban aquel papel como si se tratara de un cromo de colección¿ pero el receptor en cuestión no coleccionaba nada. La ecuación uno por uno servía para uso interno y para desgracia de quienes visitaban el país y debían pagar las cosas exactamente tres veces más caras, como se demostraría poco tiempo después. Buenos Aires era entonces -hace tan sólo dieciocho meses atrás- la ciudad más cara de Sudamérica, un curioso récord que sólo servía para que el turismo no llegara ni aunque se hubieran ganado el viaje en un concurso de televisión. Hace unos días dos organizaciones de prestigio, el gigante de la banca suiza UBS y la empresa de investigaciones británica Mercer Human Resources, coincidieron en un estudio realizado sobre 144 ciudades, que Buenos Aires es ahora la segunda ciudad más barata del mundo, después de Bombay. El análisis desarrollado compara los ingresos y el costo de vida sobre la base de lo que cuesta una cesta familiar de 111 productos y servicios. Sólo como referencia vale decir que Oslo es la más cara del planeta. El estudio indicó que en Miami, Los Ángeles, y Chicago con sólo 10 minutos de trabajo a una persona le alcanza para comprarse una hamburguesa grande, mientras que un empleado con sueldo básico de Buenos Aires debe trabajar tres horas y cinco minutos para ganarse el bocadillo. Muchos turistas Las cosas cambiaron tanto que hoy la capital de la quinta provincia gallega está invadida de turistas que aprovechan una moneda devaluada. Porque fue precisamente la devaluación del peso argentino y la suspención de la paridad con el dólar lo que produjo de un día para el otro este cambio. Veamos un ejemplo del antes y del ahora: antes de la devaluación algo que costaba 300 pesos también costaba 300 euros; ahora para los porteños sigue costando 300 pesos pero para los viajeros sólo 94,50 euros. La mejor forma de explicar lo barato que es Buenos Aires es conocer algunos precios: un litro de gasolina, 1,90 pesos (0,60 euros); un kilo de azúcar, 1,30 pesos (0,40 euros); un kilo de solomillo de ternera, 10 pesos (3,14 euros); un par de zapatos excelentes, 90 pesos (28,25 euros); una comida en un restaurante de cuatro tenedores, 20 pesos (6,28 euros). Pero los habitantes de Buenos Aires parecen haber quedado al margen de esta estadística que beneficia al viajero. Los porteños siguen pagando lo mismo, para ellos la ciudad es la de siempre, cara o barata, y el costo de vida es cada día más alto. Sin embargo, las cifras del estudio indican la inestabilidad de la tan mentada globalización económica. Por el sólo hecho de cambiar un valor, una urbe puede pasar de estar en el puesto 21 de una lista de las más caras, a colocarse en el segundo lugar de la de las más baratas. A los porteños les cuesta entender qué pasó en su ciudad (en su país), se terminó el ahorro, el crédito¿ y sin embargo para los demás todo está más barato, es un chollo comprar en Buenos Aires y de verdad lo es. Tal vez lo razonable es estar por la mitad de esa lista, es decir, ser una ciudad donde los que la habiten y los que la visiten no padezcan diferencias abismales.