El municipio lucense ha alcanzado notables cotas de progreso en los últimos años pese a estar alejada de las zonas prósperas del Atlántico Viveiro está en el norte, aunque siempre ha estado en el centro. Es una paradoja, pero tiene explicación. Alejada de las áreas en crecimiento del Eje Atlántico y mal comunicada con las grandes ciudades, la capital de A Mariña occidental ha sobrevivido a la crisis demográfica y socioeconómica de otras zonas rurales cercanas explotando un desarrollo a caballo entre la tierra y el mar, la industria y el comercio, la emigración y la inmigración, el turismo estival y la vida social local. Su progreso es más lento que el de otros municipios en auge, pero más equilibrado y sostenido y mucho menos dependiente.
20 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Galicia empieza a parecerse a Asturias en las colinas boscosas que bordean la ría de Viveiro, allí donde las casas de piedra con tejado de pizarra compiten al borde de la calzada con la plácida y engañosa decadencia de las quintas coloniales mariñanas. Son 106 kilómetros cuadrados de una tierra de contrastes donde, de nuevo la paradoja, nada contrasta en exceso: el puerto de Celeiro es uno de los más importantes de Galicia, pero a su lado fondean embarcaciones de recreo en el nuevo muelle deportivo, al igual que los apartamentos turísticos de la playa de Covas se enfrentan desde la otra orilla de la ría del Landro a las casas de soleadas galerías del centro. Esa doble cara se traslada a los indicadores socioeconómicos: el municipio vive casi a partes iguales de la pesca y de un pujante sector forestal; del comercio local y de varias explotaciones ganaderas; de la construcción y de los servicios. Su población aumenta considerablemente con la llegada masiva de veraneantes en julio y agosto, pero Viveiro ha conseguido evitar convertirse en el Sanxenxo del norte, y hoy sus más de 15.000 habitantes presumen de un dinamismo cultural propio del que no disponen otros núcleos de población cercanos. Villa de derechas El alcalde, César Aja, del PP, lleva 17 años al frente del Gobierno local, pero niega la etiqueta de villa de derechas que se atribuye a Viveiro, y recuerda que es el único municipio gallego donde PSOE (dos concejales), BNG (tres) e IU (uno) tienen todos representación. Viveiro hereda hoy esa tradición de equidistancia del desarrollo parejo, hace décadas, de una burguesía conservadora y de una incipiente clase obrera, ligadas ambas al progreso económico de una localidad que sólo se apoya en los extremos para buscar -y encontrar- su centro de gravedad.