La montaña se resiste a la A-6

GALICIA

TIZÓN

Las dificultades ponen freno a uno de los proyectos más ambiciosos de la ingeniería civil en España En Fomento lo sabían. Las montañas gallegas se resistirían a la autovía del Noroeste. Cuando en junio del año pasado el ministro Arias Salgado visitó los tramos de Pedrafita, desde su departamento se planteaban como un reto para la ingeniería civil acabar los 52,5 kilómetros de la A-6 entre O Cereixal, en Becerreá y Villafranca del Bierzo. Terminar uno de los proyectos más ambiciosos de obra pública en España no está resultando una tarea nada fácil. En los últimos meses, los problemas se han multiplicado.

04 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Los técnicos de la A-6 no ganan para disgustos. En los últimos meses, el reto que les asignaron de unir la Galicia norte con la Meseta se resiste. Parece como si la montaña pidiese a gritos libertad. Los últimos 53 kilómetros están dando más guerra que los otros 150 que ya están abiertos. Los proyectos y estudios previos llevados a cabo sirvieron de mucho pero no se libraron de los contratiempos múltiples y variados. Túneles y viaductos fueron las obras más complicadas. El paso subterráneo de San Andrés, en As Nogais, fue el primero en plantear problemas. Los vecinos se despertaron un buen día con sus casas agrietadas. Cundió el pánico y comenzaron las reclamaciones. Algunos tuvieron que ser desalojados de sus viviendas y aún hoy a muchos no se les ha ido el miedo del cuerpo. Terrenos blandos La ausencia de roca y un terreno demasiado blando hizo que entre San Andrés y Pedrafita se cayera, como consecuencia de las obras, parte de la calzada de la N-VI en la ladera de una montaña donde se efectuaban excavaciones. El pasado mes de mayo, los problemas también llegaron a Pedrafita. Los vecinos comenzaron a mostrarse inquietos al saber que a cincuenta metros de profundidad del suelo de sus viviendas tenían a una treintena de personas perforando un túnel en un terreno poco adecuado para soportar un paso subterráneo de algo más de setecientos metros de largo. Las grietas también hicieron su aparición en los inmuebles de la calle Observatorio, situada sobre el eje del túnel. Los vecinos recurrieron a Fomento, que restó importancia al problema y procedió al sellado de las grietas. Con posterioridad, parte del paso subterráneo se vino abajo. Se produjo una «chimenea» de 60 metros cúbicos, según los datos oficiales. En As Nogais también hubo un rosario de problemas. Los desmontes provocaron inundaciones en la villa y las explosiones dañaron en varias ocasiones los cristales de algunos establecimientos. También en este municipio, dos niños resultaron heridos al estallarles en las manos unos detonadores. En Becerreá también cayó el túnel de O Cereixal. Hubo problemas con los viaductos y destrozos en el patrimonio histórico, según los vecinos.