Inplasor: robots que valen para todo

Con un 90 % de sus clientes en el sector de la automoción, la actividad en la empresa se frenó tan en seco como lo hizo el resto de esa cadena. Pero enseguida decidió diversificar su actividad y emplear el plástico que no iba a los coches en elaborar pantallas faciales protectoras. Después llegarían las mamparas separadoras de ambientes que instalaron en colegios y otras dependencias.


Cuando se empieza a construir una fábrica 4.0, se sabe la fecha de colocación del primer ladrillo pero es imposible definir el momento en el que se finalizará la obra. No son una ni dos las compañías que aseguran que es subirse al tren de la digitalización, y no parar de enganchar vagones. Inplasor puede dar fe. La empresa ubicada en el polígono ourensano de San Cibrao das Viñas ha encadenado tres proyectos de Industria 4.0 en distintas convocatorias y eso le ha permitido «modernizar la producción con la automatización de procesos e incorporar algunos nuevos, ganar en calidad, reducir costes y, por tanto, aumentar la competitividad», explica Rocío García Cid, de la oficina técnica de la compañía dedicada al inyectado de plásticos, a la elaboración de moldes y al ensamblaje de piezas de ese material.

Básicamente, todos los proyectos abordados tenían por finalidad convertir procesos que anteriormente se hacían de forma manual, como el ensamblaje de elementos, en automáticos, con lo que, al eliminar el factor humano, mejora la calidad y se aceleran los procesos. Los robots comenzaron a ocupar puestos de personas físicas que, liberadas de operaciones manuales más pesadas y laboriosas, pudieron dedicarse a otras tareas más relacionadas con el control de la calidad. Porque eso sí, los costes de incorporar tecnología robótica a esos procesos requieren un importante desembolso que en un momento como el actual no sería fácilmente asumible, aparte de que no «ofrece garantías de fiabilidad».

Entre esos nuevos miembros de la plantilla se incorporó una unidad de trabajo autónoma polifuncional. Una especie de robots para todo que tanto hacen un corte, como separan las piezas, las ensamblan o las clasifican. Androides fáciles de mover, adaptables a cualquiera de las líneas de trabajo y que evita el recurso a proveedores externos. «Para cada herramienta que necesitábamos teníamos que recurrir a empresas externas que nos daban una solución específica para cada caso, pero no una global como la que hemos desarrollado». Porque los robots han salido de la oficina técnica de Inplasor, explica Rocío Gómez Cid recordando lo «divertido» que ha sido. «Hemos hecho dos y en elaboración está un tercero; corrigiendo y puliendo los primeras para mejorar los siguientes».

Impresión 3D

También incorporaron máquinas nuevas que permitieron mejorar los servicios al cliente. Ahí está la que le permitió a Inplasor aumentar su capacidad de impresión 3D, que emplean para elaborar prototipos de utillaje que permiten «tener una visión de las piezas antes de elaborar el molde» que se encarga. ¿Y quienes son esos clientes? Pues un 90 % son las empresas que pertenecen al sector de la automoción. Las más conocidas. Aunque también elaboran palitos de plástico para helados en el sector de la alimentación y otros componentes plásticos para empresas de ascensores. Con todo, la automoción manda. Por tanto, no es difícil intuir lo que la pandemia ha supuesto para la empresa ourensana. Pero esta no se quedó de brazos cruzados. Decidió dedicar el plástico que no iba para los automóviles a otros menesteres más acordes con los tiempos del covid: equipos de protección individual. Así es que en marzo del año pasado desarrollaron una pantalla de protección facial que cuenta con certificado europeo como EPI y que llegaron a vender incluso al Sergas. Y ya que había demanda, ampliaron al poco el catálogo de productos con mamparas de sobremesa y de separación de ambientes, que se han instalado en centros escolares y centros laborales. Gracias a eso, Inplasor pudo mantener cierto nivel de actividad cuando sus principales clientes tenían su actividad totalmente parada o bajo mínimos.

Premio europeo a la innovación

 

 

La unidad robotizada que ha parido la oficina técnica de la que es una pequeña pyme como Inplasor, que es capaz de realizar una docena de funciones en distintas tareas de la cadena de montaje, ha merecido el reconocimiento del EACN (European Automotive Cluster Network), el clúster europeo de la automoción, que en diciembre pasado le concedió un premio a la innovación.

Ni que decir tiene que el galardón ha sido todo un orgullo para la empresa. Y sobre todo que se conceda a la unidad de trabajo autónoma que, como gráficamente dice la gerente de la compañía, Alicia Gómez, «es como una navaja suiza para nosotros». Un utensilio que lleva integradas cámaras de visión artificial, robots y programación, mediante un proceso diseñado íntegramente en Inplasor.

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