Con la innovación en el ADN

Vinigalicia Familia Bodeguera, que facturó el año pasado algo más de 20 millones, tiene ahora en la internacionalización su más firme apuesta.

Instalaciones de Vinigalicia, del grupo de la familia chantadina Méndez Rojo
Instalaciones de Vinigalicia, del grupo de la familia chantadina Méndez Rojo

Cuando se lleva la innovación en el ADN, por algún lado tiene que salir. La que Vinigalicia rezuma ha sido capaz de disparar los indicadores del informe Ardán, que elabora el Consorcio Zona Franca de Vigo, que no ha dudado en distinguir a la compañía con sede en Chantada como Empresa Innovadora, un estatus que apenas alcanza un 5 % de las gallegas. El ciclón que ha sido la cuarta revolución industrial ha barrido por completo aquel mesón, el Casa Penouzos, en el que Manuel Méndez y Maruja Otero comenzaron a servir vino allá por 1940 para alumbrar un grupo que elabora y embotella al año casi 13 millones de botellas. Caldos de todo tipo, sin denominación de origen, con denominación de origen (DO) Rías Baixas, Ribeiro, Monterrei... y así hasta abarcar las cinco gallegas, con Valdeorras y Ribeira Sacra. Pero también embotellan y comercializan licores, espumosos, vinos dulces... Una amplia variedad fruto de la innovación y el desarrollo que hace tres años requirió una mudanza -pues el almacén de Sobreira se quedó pequeño-, para instalarse al pie de la N-540. Eso, la sede, porque el grupo tiene viñedos y bodegas propias en Rías Baixas, Ribeira Sacra y Valdeorras. En las demás denominaciones trabajan con otras bodegas hermanas.

Cuando Juan Luis Méndez, el nieto de Manuel y Maruja, que ahora es el director general de Vinigalicia, dice que la empresa llevaba la innovación en su código genético está hablando casi de manera literal. Pone el ejemplo de su padre, que de toda la vida elaboraba un vino dulce para vender a granel al que nadie de la familia le daba importancia. Pero un buen día se le ocurrió darle un toque «da terra» y lo tostó con castañas. La idea resultó y aquel líquido casero que se vendía a granel cobró gran valor añadido al embotellarse y comercializarse bajo la marca María Castaña, de alta demanda. Así que, «aunque muchas veces no sabemos que innovamos, lo hacemos de forma natural».

La innovación que bullía en Vinigalicia también desembocó en la creación de un vino vegano, un Vía Romana al que desde el 2016 se le ha eliminado toda la traza animal que el caldo podía tener, sustituyendo la clara de huevo que se empleaba en el proceso de filtración por guisantes. Eso sí, a este desarrollo no se llegó por instinto, sino que requirió mucha investigación. Como tampoco fue natural la elaboración de espumosos, plagada de I+D+i, que se materializó en Brincos Premium Class o Condelier (recién lanzado al mercado).

Producción y personas

Pero si la innovación sirvió para ampliar el catálogo del grupo vitivinícola, la Industria 4.0 y las tecnologías de la información y comunicación también han revolucionado la manera de producir y la organización de las personas. «Vinigalicia era una empresa en estado metodológico de tecnología base que necesitaba actualizarse, así como mejorar la gestión de sus recursos humanos. Como sucede en gran número de empresas, se dispone de tecnologías y sistemas aislados y poco interconectados y no se explotan suficientemente los datos disponibles», explica el director general de la empresa.

Los proyectos de industria 4.0 han traído «una mejor organización de la producción orientada al mercado y un análisis más detallado de los costes para suprimir ineficiencias», añade. Todo fue poner una ERP (planificación de recursos empresariales) potente y a partir de ahí el viento de la cuarta revolución aceleró los demás procesos. Y tanto. Más que una bodega parece que se habla de nave espacial, con tecnología de visión artificial capaz de detectar si una botella tiene la etiqueta defectuosa o equivocada, si está torcida, si la botella no está llena al nivel que tiene que estarlo... Cualquier defecto que presente lo verán esos «ojos robóticos», que expulsarán sin compasión el producto de la línea de embotellado. Y en camino está la identificación por radiofrecuencia (RFDI), mediante el que las botellas, «informan» de su existencia y permite conocer qué hay en el almacén de forma instantánea.

En Vinigalicia, la tecnología también ha acudido en auxilio de las personas. De los comerciales, por ejemplo. Los proyectos de Industria 4.0 han hecho posible que estos estén al tanto de las existencias sin tener que contactar con la bodega, el estado del pedido de un cliente, cuánto venden, qué venden, administrar sus gastos, contar sus kilómetros...

Juan Luis Méndez reconoce que esa evolución también ha sido posible por el abaratamiento de las tecnologías. No obstante, eso no es óbice para que la empresa haya tenido que desembolsar unos 100.000 euros en los últimos años para digitalizarse. Y más que subirá la factura. Porque la innovación del ADN por un lado tiene que salir. Y en tiempos del covid, abandonar el sistema táctil para fichar para hacerlo a través de los ojos es una idea que bulle ahora en Vinigalicia.

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