Una apuesta decidida por el trabajo en comunidad

La Xunta de Galicia impulsa tres nuevos espacios de «coworking» que se suman a siete ya existentes y con los que pretende desarrollar 220 iniciativas empresariales


Nació en Estados Unidos y pronto se extendió por los países anglosajones para, posteriormente, saltar al resto de países europeos. Galicia, por tanto, no es ajena al fenómeno de los coworkings, nombre por el que se conoce al hecho de que profesionales -habitualmente freelance- de distintos ámbitos, sectores o actividades se unen para trabajar en un mismo entorno para aprovechar las sinergias y generar un valor añadido a su trabajo.

El fomento del cotrabajo es uno de los ámbitos en los que la Xunta de Galicia está reforzando su apuesta en el marco del emprendimiento. Así, y en colaboración con la Escola de Organización Industrial (EOI), en los últimos días se han dado los pasos para la puesta en marcha de tres nuevos espacios. De este modo, las previsiones es que en los próximos meses estén operativos una decena de coworkings que «facilitarán o desenvolvemento das iniciativas empresariais de 220 emprendedores», precisaron desde la Administración autonómica.

En concreto, el Consello da Xunta ha dado ya luz verde a tres iniciativas que, entre otros objetivos, «acelerarán, en novas localizacións, proxectos relacionados con actividades específicas». De este modo, desde el que funcionará en el Concello de Cenlle, en la comarca de O Ribeiro, está previsto que promueva la agroalimentación, el turismo rural y, claro está, la economía circular, mientras que el que se ubicará en Palas de Rei, en Lugo, se focalizará en el Camino de Santiago, fomentando distintas iniciativas empresariales vinculadas con la ruta Xacobea.

Por último, el de Moaña, en la comarca pontevedresa de O Morrazo, tratará de impulsar la búsqueda de nuevas oportunidades para emprendedores y empresarios relacionados con el sector naval.

Estos tres espacios se suman a los siete ya existentes y que se vuelven a convocar en los concellos de Mondoñedo, en la Mariña lucense; el de Monforte de Lemos, en la Ribeira Sacra; el de Celanova, en las Terras da Limia; el de Cabana de Bergantiños, en la Costa da Morte; el de Vilanova de Arousa, en la comarca de O Salnés; el de Santiago de Compostela; y el CIS Galicia, en Ferrol. Se trata de coworkings, que, según los datos que manejan en el seno de la Consellería de Economía, han impulsado hasta el momento un total de 625 proyectos de más de setecientos emprendedores, hasta el punto de que 227 de estas iniciativas ya se han constituido como empresas.

A este respecto, desde la Xunta remarcan que «o prazo de inscrición á nova convocatoria non se pechará ata o próximo 30 de novembro».

De este modo, la red de coworkings impulsada por la Xunta a través del Igape y la EOI se integra en la plataforma StartIN Galicia, iniciativa que agrupa a todas las aceleradoras que apoya la Administración autonómica y que, en los últimos cinco años, permitió generar más de un millar de proyectos emprendedores en toda Galicia.

Dentro de esta plataforma se desarrollan las business factories, así como otras aceleradoras, caso de Agrobiotech, centrada en la biotecnología, la agroalimentación y la biomasa; ViaGalicia, impulsada por la Xunta y la Zona Franca de Vigo y que busca dar soporte y asistencia en su fase inicial a emprendedores y empresas; Galicia Open Future, promovida por la Administración autonómica y Telefónica para apoyar al sector industrial; o Connecting for Good Galicia, desarrollada por Vodafone y centrada en la innovación social a través de las tecnologías de la información y comunicación.

En cuanto a la red de coworkings en concreto, sus aceleradoras, que han sido reconocidas con el premio europeo a los proyectos regionales más innovadores y fueron finalistas de los Regiostar Awards 2017, dispondrán de un presupuesto de un millón de euros hasta finales del 2020. Con ello se pretende lograr el objetivo de impulsar 220 proyectos de emprendimiento.

La filosofía

Pero, ¿en qué consiste el cotrabajo? Su filosofía es sencilla, ya que simplemente consiste en que freelances -profesionales independientes o autónomos-, emprendedores e, incluso, pymes de distintos y variados sectores compartan un mismo entorno laboral. De este modo, al mismo tiempo que desarrollan sus proyectos propios, generan sinergias para impulsar y llevar a cabo iniciativas conjuntas.

Precisamente, este último aspecto, la constitución de una comunidad en el seno del coworking es lo que les diferencia del tradicional centro de negocios o de un vivero de empresas. Y es en este ámbito donde surge la figura de los community builder, gestores encargados de dinamizar este espacio promoviendo distintas iniciativas y que, al mismo tiempo, supervisan la comunidad.

A estas características hay que sumar, asimismo, el ahorro económico que supone para muchos emprendedores que buscan poner en marcha sus distintas iniciativas. Y es que el coste de un espacio en el seno de un coworking es muy inferior a lo que se tendría que abonar por un alquiler tradicional, al tiempo que uno se beneficia de la experiencia y formación del resto de los usuarios.

«Este é o primeiro negocio que monto» 

«Un aloxamento rural diferente. Unha casa rural do século XIX que rehabilitamos. Ten oito habitacións individuais con baño, e restaurante, pero o que nos diferenza do resto é un salón social onde tratamos de dar a coñecer a Costa da Morte a través de artistas e asociacións». Este é o concepto de Liresca, na localidade coruñesa de Cee, un proxecto impulsado por María Victoria Areas, quen resalta que o coworking no que participou «foi un apoio moi importante. Se ben é certo que xa tiña as ideas moi claras do que quería facer, sempre hai determinados apartados, sobre todo desde o punto de vista da xestión, que os tes bastante débiles».

Incide, neste senso, que, «aparte de facer comunidade, que é importante porque coñeces xente que ten tamén afinidades con respecto a emprender e buscar unha saída profesional, o que é un valor engadido, está a parte da formación por especialistas en determinadas materias». A fin de contas, tal e como apunta María Victoria Areas, «son emprendedora e este é o primeiro negocio que monto, e evidentemente xórdenche moitas dúbidas polo camiño».

No coworking impulsado pola Xunta tivo a posibilidade de tomar parte en obradoiros comúns, se ben apunta que, no seu caso concreto, foron «máis interesantes os individualizados, nos que ti como promotor marcas as túas necesidades e neste espazo tes un especialista que te guía e te forma». Ao mesmo tempo, créanse nestes entornos unhas sinerxías, de tal feito que cada un dos integrantes aporta algo á comunidade ata «xerar un vínculo que perdura. De feito, a parte dos promotores do coworking brindeilles a oportunidade de que eles poidan traballar en colaboración con Liresca. Non só para expoñelas, senón tamén vendelas»

O certo é que, na actualidade, a iniciativa de María Victoria Areas está a ter «unha aceptación moi boa. A xente sorpréndese ao chegar á casa».

«El ‘coworking’ fue un apoyo y un banco de pruebas»

De la necesidad surge la virtud, pero, también, la oportunidad. De este modo, tan sencillo, se podría explicar cuál fue el germen de la idea que terminó fructificando en Natural Snack Lab-Fruitah, a cuyo frente se encuentra Alberto Lendoiro. «Surgió de casualidad. Me gusta mucho la montaña y estaba buscando un producto, fruta, que pudiera llevar al monte y que no se me estropease. Los plátanos, manzanas y peras se mazan y se estropean», destaca.

Sus pesquisas le terminaron llevando a Portugal, donde encontró un producto deshidratado. «Intenté hacerlo y una cosa llevó a otra hasta que tuve este snack crujiente cien por cien natural, sin conservantes, ni colorantes, ni azúcares añadidos que se realiza a base del deshidratado de purés de frutas», añade este pontevedrés que participará del 9 al 11 de noviembre en Etiqueta Negra, el salón gourmet de Pontevedra.

Resalta la importancia que tuvo para este proyecto la posibilidad de participar en un coworking. «Estoy solo en la empresa y fue un punto de apoyo, pero también un pequeño banco de pruebas donde pude dar a probar mi producto y recabé opiniones». Pero este espacio, asimismo, le permitió entrar en contacto con otros emprendedores, así como contribuyó a que «me centrara en el trabajo. A veces, cuando estas solo vas dando muchos bandazos y el coworking me ayudó a centrarme».

Dado que Fruitah acaba de salir, como quien dice, ahora mismo al mercado, aún es pronto para hablar de nuevos productos o de diversificar la oferta. En este sentido, lo que tiene claro Alberto Lendoiro es centrarse en el snack sin descartar, «en el futuro», incrementar la gama de sabores que se pueden ofertar. «Al mercado solo saqué el de manzana y kiwi, pero al ser purés me permite trabajar con todo tipo de frutas o, incluso, hortalizas, plantas aromáticas... Es una gama amplísima de sabores. Es un mundo gigantesco».

En este punto, explica que se decidió por salir con el snack de manzana -85 %- y kiwi -15 % restante- porque «son frutas muy de aquí, muy gallegos», pero también «muy fáciles de conseguir». De este modo, Lendoiro apuesta por una de las máximas que sustentan la filosofía de muchos coworking: la economía circular, al tiempo que genera comunidad. «Así, además, colaboro con productores de toda Galicia».

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