Anna Scheidgen: «Estoy soltando lastre pero no puedo irme de repente»

Tras más de cuatro décadas de trabajo y haber hecho de New Balance un referente en España y Portugal, Anna Scheidgen pasó hace cuatro años por el duro trance de vender Alfico a la marca norteamericana. Ahora piensa por fin en retirarse para disfrutar de sus nietas y escribir su biografía. «Es, sobre todo, para que mis hijos me conozcan mejor»


Redacción / La Voz

Hace treinta años, con cinco hijos y una empresa en crecimiento, la alemana Anna Scheidgen (Bonn, 1954) se quedó viuda. Para ahuyentar la depresión, se volcó en el trabajo y logró a través de su empresa, Alfico, asentada en Redondela, hacer de la marca deportiva New Balance un referente en España y Portugal. En mayo del 2016, siguiendo la tendencia de las grandes firmas del sector, que optaron por hacerse directamente con la distribución, asumió el duro trance de vender su empresa a la compañía norteamericana. Ella siguió como directora general para el mercado ibérico.

-Usted admitió que vender Alfico le quitó el sueño, ¿se arrepiente?

-No, porque antes o después tenía que suceder. Quizás sí tendría que haber insistido en un cambio más paulatino para amoldarnos a las exigencias del mercado ibérico, porque hemos tenido que adaptarnos a un sistema logístico centralizado en Holanda y no nos ha beneficiado, porque nosotros servíamos en 24 o 48 horas y en Holanda no estaban preparados y hemos tenido muchos problemas. Y lo mismo con el cambio del sistema informático, que a lo largo de treinta años nosotros habíamos adaptado a las necesidades de nuestros clientes.

-¿Les penalizó el cambio?

-Tengo que agradecerles muchísimo a nuestros clientes que lo hayan entendido y no hayan culpado a Alfico. Y a nivel interno se lo tengo que agradecer al equipo, que ha asumido el cambio de empresa y luego los cambios logísticos y todos los problemas que nos acarrearon. Tras unos años de transición, parece que por fin vuelve la normalidad.

-¿Pudo conservar la plantilla que tenía antes de la venta?

-Una de las condiciones que puse para la venta era que se mantuviese la plantilla, que incluso creció algo; hay 56 personas fijas pero contando el retail, serán 80 empleados. Y si sumamos el personal de las tiendas, en torno a 150 personas.

-¿Las marcas deportivas tradicionales sobreviven a las de bajo coste?

-El mercado sigue copado por las mismas marcas, y ahora, con la moda de la zapatilla deportiva para llevar de calle, todavía más. Acabo de leer un artículo en una revista que decía que New Balance era la marca para ir elegante simplemente con una zapatilla clásica. Ahora, hasta los modelos más técnicos pensados para el deporte tienen diseños atractivos para que los puedas llevar por moda. Es un mercado que todavía tiene mucho recorrido.

-Usted tiene ahora 65 años, ¿cree que ha llegado el momento de dejarlo?

- Estoy soltando lastre pero no puedo irme de repente. Son muchos años y soy la cabeza visible para muchos clientes. Pero tengo tres nietas y otra que viene en camino y yo, que no he podido disfrutar de mis hijos, quiero disfrutar de ellas, aparte de otras muchas cosas que quiero hacer. Quiero hablarlo con el dueño de la marca, con el que tengo una magnífica relación personal.

-¿Queda relevo?

-Sí, mi hija la mayor, Ángela, ya está preparada para asumirlo. De mis cinco hijos, cuatro trabajan en la empresa, pero en distintos departamentos, y han asumido que la mayor va a tomar el mando.

«Seguimos creciendo pero no como hace cinco años, las cifras son más discretas»

La empresaria cree que, a corto plazo, les habría ido mejor si no hubiesen vendido la empresa, pero está convencida de que los beneficios llegarán, sobre todo, a partir de ahora.

-¿Han seguido creciendo?

-Seguimos creciendo pero no como hace cinco años, las cifras son más discretas. El mercado ahora se ha moderado. El año pasado tuvimos un incremento en torno al 10 % respecto al anterior y esperamos lo mismo para el 2020, aunque depende del mercado internacional. No hemos dejado de ganar, pero con la crisis política, el coronavirus, el brexit... Todo afecta. 

-¿Afecta la inestabilidad política?

-Creo que los últimos acontecimientos a nivel nacional, por un lado el independentismo catalán y el Gobierno de coalición, y por otro, una deuda altísima, están dando señales de una desaceleración económica importante, y esto llevará a una tasa de desempleo mayor y a una subida de la inflación. Si a esto añadimos la entrada en vigor del brexit, que implicará un incremento de precios para nuestras importaciones desde el Reino Unido, y ahora la crisis del coronavirus con el desplome de las bolsas... Nos enfrentamos a un año complicado. 

-¿Una receta basada en su larga experiencia como empresaria?

-El gran potencial y talento local aún tiene que salir fuera de nuestra comunidad a buscar trabajo. Si no se siguiese penalizando a la empresa, por ejemplo, con la subida del IRPF que prevé el Gobierno, podríamos facilitar el retorno de muchos jóvenes preparados que no tienen oportunidades.

Un libro y un viaje a Australia

Se cansó de viajar por trabajo y ahora quiere hacerlo por placer. No pudo ver crecer a sus hijos por la dimensión y exigencia de sus compromisos profesionales y se ha propuesto firmemente no perderse esa experiencia con sus nietas. Esos son los objetivos de Anna Scheidgen para los próximos años, que actualmente espera el nacimiento de su cuarta nieta y sueña con cruzar el planeta. ¿Para qué? Para emprender una larga travesía e irse a Australia, uno de los pocos destinos que no conoce. Y sobre todo, espera escribir su biografía. No le importa si se vende mucho o poco, «lo hago sobre todo pensando en mis hijos; para que me entiendan mejor». Ella admite que nunca fue muy abierta y que con los niños fue bastante severa. «Ellos ni siquiera pudieron convivir mucho con mi familia, porque como me vine de Alemania cuando me casé, crecieron con la paterna. Quiero que sepan cosas de mi niñez que nunca les conté. Ya estoy tomando alguna nota...», reflexiona. A veces se siente culpable por todo aquello, pero está segura de que valió la pena porque «creo que les dejo un buen legado y ellos están muy orgullosos de su madre». Ella también se siente orgullosa. «Son como una piña», concluye.

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